Museos con tatuajes

Por Graciela Sánchez

TATUAJES…Qué curioso que una simple palabra cause tantas reacciones y tanto temor. Cuando escuchamos alguna otra palabra como discriminación, violencia o maltrato, bueno, simplemente decimos “oh sí, eso es malo. Qué bueno que no lo he vivido”. Sin embargo, cuando la gente ve a las personas tatuadas, el mundo se detiene.TATUOS1

Recuerdo que en el sitio donde trabajaba había un vigilante que tenía una lágrima tatuada en el ojo, y debo admitir que sí le daba cierta autoridad: cada vez que nos decía que saliéramos porque el museo iba a cerrar, bueno, en 10 minutos estábamos fuera más de 80 empleados.

En México han causado despidos, expulsiones de escuelas, incluso desempleo pero ¿por qué asumir que la tinta inyectada contiene maldad encapsulada?

Gran parte del temor que nos da la tinta en el cuerpo viene de aquella historia que afirma que los tatuajes se originan en las penitenciarías y entre los delincuentes. Aquellos que confesaban sus pecados, sus temores y sus motivos en la vida; plasmándolo en su piel.

El origen, en realidad, es más viejo y mágico. La momia tatuada  que se conoce es Otzi, con 5300 años de antigüedad. Esta práctica se llevó alrededor del mundo, incluyendo México.

TATUOS2La tinta fue colocada en la piel de las personas aún antes de que los españoles llegaran con caballos y carne de res. Los tatuajes solo eran reservados para aquellos que estaban más cerca de los dioses, como sacerdotes y reyes. Grandes noticias para que los tatuados puedan presumir.

Aunque, por supuesto, no existían grandes máquinas de tatuar con tintas chinas. Para colocar la tinta en el cuerpo se perforaba con  espinas de maguey, que hacían pequeñas heridas en la piel de los elegidos. Con estos golpes se colocaba la tinta en la segunda capa de la piel humana. Al final, un tatuaje es una herida cicatrizada.

Pero las civilizaciones y las técnicas fueron cambiando, las espinas se motorizaron y las tintas fueron “made in”

La mala información del origen de la tinta en los cuerpos de encarcelados viene debido a que muchas técnicas, como el sombreado, fueron perfeccionados en estos ambientes. Bueno, quizá había demasiado tiempo libre.

TATUOS3Lo cierto es que la creatividad humana se desarrolla en las condiciones más difíciles, así que, como los reos no podían meter máquinas tatuadoras ni tintas de colores; se fabricaron herramientas hechas de agujas, lápices y plumas como mango, y baterías como fuente de energía.

Para poder usar estas máquinas, había que recurrir a las viejas clases de la secundaria. Los motores no podían ser conectados a la luz porque explotarían, así que se hacían funcionar por electrólisis.

La electrólisis es un proceso que transforma la energía eléctrica en energía química. En este proceso, hay una solución acuosa, un electrolito o sales disueltas. Este electrolito favorece que se transmita la carga eléctrica. Aumentando su concentración.

Y aunque no lo sabían, este proceso les daba una especie de esterilización, pues al aplicar el voltaje eléctrico, las sales y el agua se convierten en compuestos que tienen la capacidad de desinfectar. El problema es que la corriente eléctrica solo se aplicaba para aumentar la capacidad del motor, y la esterilización nunca llegaba a la aguja.

Como las tintas eran un lujo, los tatuajes de la cárcel solo eran hechos en blanco y negro. Además, como se han de imaginar aquellos que han sufrido la recuperación de un tatuaje; las infecciones estaban a la orden del día.

Ahora vemos tatuajes hechos con toda clase de tintas artísticas, e incluso los artistas del dibujo pueden inmortalizar sus creaciones hasta que la muerte los separe. Lo que no se ha logrado cambiar es la discriminación por todo lo que esté relacionado con esta forma de arte.

TATUOS4De manera que, el que este 13 de marzo pudiéramos  celebrar el primer aniversario del primer Museo del Tatuaje en México, la semana pasada, es una hazaña por sí misma. Pero lo mejor ha sido poder entrar a aquel recinto tan lleno de historia y observar a las familias caminando por vitrinas con viejos diseños. Y mejor aún ver a madres que iban a acompañar a sus hijos, pero terminaron poniéndose uno de los tatuajes de Henna que regalaron por el aniversario.

Aún nos hace falta aprender a entender que hay más de una manera de ser un humano. Pero nuestra forma de pensar también va cambiando, algunos hemos comprobado que la tinta no cambia a una persona; y siempre es bueno saber que ya no hace falta ser semidioses para tatuarnos historias y arte.

-Si quieren saber más de estas y más historias alrededor de un nuevo arte urbano, no olviden visitar el Museo del tatuaje. Ubicado en Insurgentes Sur no.221. En México, D.F

 

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