A la muerte como a la gorra…

Por Graciela Sánchez

¿Si pudieran elegir una festividad, cuál sería? Muchos podrían decir que navidad, ya saben: los regalos, la cena, la familia… hay quienes prefieren sus cumpleaños ¿a quién no le gusta ser el centro de atención? Yo siempre he elegido el día de muertos.

muertos21Para muchos podría resultar algo extraño preferir las calaveras sobre el pavo, o amar comer pan de muerto sobre pastel de chocolate; pero siempre he creído que lo que hay en México en esos días es, simplemente, mágico

Y es que es difícil explicar que no hay fiesta más mexicana que la que se vive el 1 y 2 de noviembre. Yo llevo algunos años siendo mexicana, y aunque he festejado y comido con particular aleg´ría, no he encontrado la magia que se respira en los días de los que se fueron.

Algunos extranjeros que conozco me preguntan cómo es que podemos reírnos así de aquello que nos arranca del mundo, aún es un tabú o algo que no debe ser mencionado porque podría hacerse realidad. Pero acá la muerte es la amiga, la amante, la socia, y vivimos respetando el dicho: “Si no puedes contra ella, mejor únetele”

Además, no hay nada mejor que saber que aquella persona que amábamos y que se fue, va a regresar a visitarnos una vez al año. Para nosotros esto es muy útil al momento de enfrentarnos con la muerte de alguien. Después de todo, no es un adiós sino un ¡Nos vemos en noviembre!

Pero esta forma de ver la muerte como parte de la vida no fue por pura creatividad. Su origen viene desde la época prehispánica. En época de toltecas, aztecas y chichimecas; la muerte era una acompañante diaria en el camino de la vida. Era un cambio que, algún día, tendríamos que enfrentar

Imuertos9ncluso, en las grandes celebraciones, se juntaban sacerdotisas, atletas o guerreros; todos ofrecidos voluntariamente. Y así como ahora consideramos los fuegos artificiales como parte de una fiesta que se respeta, en épocas prehispánicas no podía faltar el sacrificio del voluntario, cortándole la cabeza y arrojando su cuerpo.

Ahora ya no estamos en épocas de las grandes pirámides, nuestro país ha podido ver cómo se comporta el mundo entero. Así que, este año, celebramos el día de muertos con una gran fiesta que organizaron

Ya no acostumbramos sacrificar vírgenes y sacerdotisas, así que este año se organizó en el monumento a la Revolución; una fiesta llena de mujeres huesudas y emplumadas, “ La Catrina Fest”, que buscaba reunir a la mayor cantidad de catrinas en un solo espacio.

Y aunque La Catrina no es un personaje creado para esta festividad, ya que se trata de un grabado de José Guadalupe Posadas que creó para burlarse de las “garbanceras”; en los últimos años ha sido adoptado para darle más colorido a la fiesta y demostrar que “Todos morimos, al menos una vez”

 Así que, el sábado pasado viajamos con catrinas en el metro, o bajando por las escalreas del metrobús, tomándose fotos en la fuente del monumento a al revolución, y comprando refrescos en las tienditas; listas todas (y todos porque algunos hombres también quisieron participar y representar a la catrina) para runirse y romper el récord. A las 6 p.m se anunció la gran noticia, México quedaba en los libros, había roto el récord con 509 Catrinas.

Y como buen festival, vivos y muertas no podían parar de sonreír, posar para la foto y lucirse. Mientras le dabamos ese toque festivo con bandas de rock y cartas auditivas a la muerte. Esta capacidad mexicana de hacer fiestas, bajo cualquier pretexto, ha sido un rasgo importante para que tengamos los días de los difuntos como patrimonio de la humanidad.

Aunque, en la época prehispánica, éramos más fiesteros pues el festival que se convirtió en el Día de Muertos se conmemoraba en el noveno mes del calendario solar mexicano, iniciando en agosto y celebrándose durante todo el mes.

Ahora celebramos menos, pero no dos días como muchos creen, sino 4; tampoco llegan los muertos como en fiesta de antro: todos en bola, empujándose y tratando de ganar el mejor lugar. Las ánimas llegan en forma ordenada. A los que tuvieron la mala fortuna de morir un mes antes de la celebración no se les pone ofrenda, pues se considera que no tuvieron tiempo de pedir permiso para acudir a la celebración, por lo que sirven solamente como ayudantes de otras ánimas.

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 El 28 de octubre se celebra a los asesinados con violencia, de manera trágica; el 30 y 31 de octubre son días dedicados a los niños que murieron sin haber sido bautizados (limbitos) y a los más pequeños, respectivamente; el 1 de noviembre, o Día de Todos los Santos, es la celebración de todos aquellos que llevaron una vida ejemplar.

Después de todo, la cosa es celebrar  y sobre todo convivir junto a aquella que un día nos llevará.  Y como dijo Alejandro Fernández, jede de la delegación Cuauhtémoc “La muerte se llora, se canta, se convive, se baila

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