Ramón Morales: El Pequeño Gigante

Por Sergio Reyes Aguilar

Se jugaba la Copa América en Perú, corría el año 2004, el 10 de julio se enfrentaban México y Argentina en el estadio Elías Aguirre, los mexicanos venían de un suertudo empate a dos contra Uruguay, mientras que los argentinos destrozaron 6-1 a Ecuador por lo que ellos eran claros favoritos. México salió como víctima.

http://m.youtube.com/watch?v=sll-10Kb2LQ

Apenas al minuto 9′ había tiro libre a favor de México, los aztecas tenían a futbolistas de miedo para ese tiro, Rafael Márquez, Jesús Arellano, Pavel Pardo, Héctor Altamirano y hasta Jared Borgetti, los argentinos se sorprendieron cuando vieron que un jugador bajo de estatura, con una playera que le quedaba bastante holgada y su número 11 tomaba el balón y se disponía a disparar. Todos, excepto los argentino, sabían que ese tiró libre era para indiscutiblemente para Ramón Morales.

Ramoncito le entró con todo el botín izquierdo al balón, la barrera apenas saltó medio kilo de tortillas, pero el más sorprendido de todos fue el portero argentino, Roberto Abbondanzieri, quien apenas vio el balón y al querer reaccionar se vio torpe al casi golpearse con su poste izquierdo, el balón perforó la portería argentina. El resto del partido los aztecas defendieron el marcador y consiguieron dejar su arco en cero, México hizo historia al vencer por la mínima diferencia gracias a un disparo de quizá, la zurda más educada que ha tenido México en la última época.

http://m.youtube.com/watch?v=0_KcFBcfe-4

Ramón Morales siempre fue un futbolista que nunca estuvo en escándalos, en entrevistas siempre tímido y con respuestas breves. Pero dentro de la cancha era el que corría más, encaraba más, pedía más el esférico tanto a balón parado como en movimiento, su pie izquierdo hablaba por él.

La Copa América era del agradó de Monchito, tres años después del poema de gol ante argentina, en el 2007 México enfrentaba a Brasil, al minuto 23′ Nery Castillo hizo un doble sombrero para poner adelante a los mexicanos. Al 28′, como hace tres años, el tiro libre volvía a ser para Ramón Morales, y nuevamente marcaba el gol dejando parado al portero carioca, que vio el golazo del número 11 en lugar vip.

Indiscutido capitán de las Chivas, el equipo de sus amores, Morales debutó con Monterrey en 1993, para 1999 llegó al Rebaño, donde se convertiría en el capitán, símbolo y líder incuestionable del club.

El futbolista originario de la Piedad, Michoacán tenía una educada pierna izquierda, tanto para dar pases, disparar a portería o colocar centros a alguno de sus compañeros. Con 163 centímetros de estatura, compensaba la falta de altura con un corazón inmenso, velocidad y entrega incondicional, claro ejemplo en el repechaje de ida contra Cruz Azul en el 2003. Al caer mal, todo su peso cayó sobre su brazo tuvo una luxación terrible, un vendaje bastante ostentoso fue suficiente para no abandonar al equipo y seguir jugando con un brazo pegado al pecho.

Sus habilidades llamaron la atención de Javier Aguirre, estratega de México, quien lo debutó en el 2001. La gran etapa con chivas le valió ser seleccionado nacional en el mundial del 2002 y 2006, la Copa Confederaciones en el 2005 y dos Copas América.

Comenzando el año 2010, Morales fue una víctima más de Jorge Vergara al no renovarlo con el club, por lo que el 11 Rojiblanco se quedó seis meses sin jugar, pero para el apertura 2010, estudiantes Tecos le abría la puertas y lo dejaba jugar un año más con su favorito número 11.

A mediados del 2011 Morales decidió decirle adiós al fútbol profesional. Y para el 2012 con Jorge Vergara aún en Chivas, Morales regresaba pero esta vez a dirigir al equipo sub 20.

Ramoncito entendió que Guadalajara es más que un club con un dueño bipolar, limó asperezas con vergara y decidió volver por amor a la camiseta. Fiel a su estilo, dejó el ego a un lado y siendo el que más colabora para el bien del equipo.

Recientemente tuvo una pequeña oportunidad con el primer equipo, al ser estratega interino del Rebaño en el último clásico tapatío contra Atlas, y cuando se enteró lloró de la emoción por estar al frente del equipo de sus amores, lamentablemente se perdió, pero la afición Chiva estuvo contenta al ver al verdadero hijo pródigo, esta vez en el banquillo con traje, corbata y suéter de algodón.

Este octubre Monchito cumplió 39 años, y hoy día, tanto Chivas como la Selección Mexicana extrañan sus pases precisos, su carisma, su velocidad, sus disparos potentes y su entrega en cada jugada.

¡Feliz cumpleaños, Pequeño Gigante!

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