El Beakman que nos cambió.

 Por Graciela Sánchez

Recuerdo perfectamente mi niñez, teníamos la cosa fácil: mientras hicieras tareas y estudiaras para los exámenes, juguetes y dulces tenían libre acceso. Aunque yo iba bien en la escuela, nunca pude dejar de platicar durante clases; creo que desde entonces me es imposible guardarme mi opinión.

Siempre me castigaban quitándome la tele. Pero yo era muy creativa y mis padres muy listos, así que siempre se llevaban la antena de la televisión, y la escondían. Pero nunca contaron (y creo que hasta hoy se enteran) que había dos señales de televisión que se veían bien sin receptores: el canal 7 y el 11

La verdad es que nunca me llamaron la atención las telenovelas, así que me hice fan del once; y de paso me enseñó cosas que no solían mostrar en las escuelas. Incluso el día que mi papá me sentó y me quiso explicar de donde provenían los bebés le dije “ya lo sé papá, una vez pasaron en once niños una caricatura con ositos que se acostaban y salían más ositos”; mis papás aún siguen burlándose de eso.beakman

Sin embargo, el programa que no olvido es “El mundo de Beakman”. Podría decir que la idea de verlo todos los días era mía, pero mentiría. Fue mi  papá fue quien me sentó una vez frente a la televisión y me explicó los sarcásticos chistes de aquella rata gigante con problemas de actitud.

Años después mi papá regresaba muy tarde de trabajar, pero yo seguía viendo a aquel personaje de bata color verde moco. Mi personaje favorito era el cocinero que gritaba “¡ahora, fuera de mi cocina!”, aunque amaba ver a ese desfile de científicos muertos saliendo de ultratumba.

Todas las tardes fantaseaba con enviarle cartas, preguntándole el porqué de miles de cosas que observaba todos los días. De hecho, ahí me volví un poco más observadora pues pasaba todos los días fijándome en los fenómenos del mundo que no entendía; porque quizá algún día conseguía la dirección de Beakman y me contestaba

Muchos han dicho que despertó la vocación de los niños por la ciencia. Quizá yo no fui una niña iluminada, porque yo no recuerdo un momento de revelación divina donde dijera “¡Ya lo tengo claro, voy a ser científica”. Pero si puedo afirmar que entendí que un laboratorio es un lugar donde se puede jugar.

No voy a negar que algunos datos científicos, que mencionaba Beakman en su programa, me marcaron. Desde esa época sigo viendo los colores y sabiendo que no existen como tales, sino estoy viendo como son absorbidos todos los colores que conforman un rayo de luz; menos el que se refleja y percibimos.

Aunque tampoco puedo adoptar la posición de algunos críticos, que afirman que no era más que un payaso; o que el programa reforzaba la idea del científico loco.  Yo no recuerdo jamás pensar que los físicos, químicos, biólogos, etc. fueran personas que no se peinaban y vestían con batas y ropa extraña.

Durante mi infancia no supe que “eso” que Beakman nos decía era ciencia. Pero al crecer y tener que aprenderme de memoria “la ciencia es un conjunto de conocimientos organizados” me preguntaba ¿acaso no era eso lo que el conductor de bata verde nos decía, de manera más fácil y divertida?

Probablemente el programa no determinó mi profesión, pero si me enseñó a ver que “ese” conjunto de conocimientos organizados” no era algo a lo que hubiera que huir. De hecho entendí que a aquella niña llena de preguntas sobre el mundo, podía encontrar sus respuestas o un acércame mucho a ella.

Además, unos años después sí me enseñó  a decidir mi camino. Durante toda la Universidad estuve buscando ese lado divertido de la ciencia. No era imposible encontrar momentos así estudiando biología, pero nunca le vi sentido a platicar entre científicos y nunca dirigirnos al resto de las personas.

La verdad, yo quería ser como Beakman. Yo quería ser una de esas científicas que podían explicar con facilidad las cosas y que tuviera las respuestas a todas esas preguntas, que niños y adultos siempre se hacen, sobre el mundo que nos rodea. Yo quería parame frente a un auditorio, o una cámara, y decir “bada bim, bada bam, bada bum”beakmang

La divulgación de la ciencia me dejó hacerlo. Esas personas que se dedican a “acercar los conocimientos científicos al público no especializado”, me permitieron ver los ojos brillantes de los niños al entender su vida cotidiana; cómo Paul Zaloom no veía pero se imaginaba.

El día que me permitieron poder repetir esos experimentos con los que Zaloom nos enseñó el mundo y recibir esas preguntas incomodas que se hacen los niños sobre el mundo…admiré aún más a ese conductor de televisión y titiritero. Aunque nunca me imaginé cuan “preguntones” son los niños. Además, Beakman tenía la opción de elegir sus preguntas, y como profesor y divulgador, uno no puede evitar las preguntas incómodas.

Uno siempre cree que la señal de televisión llega a miles de hogares; y que, probablemente, muchas otras personas están sintiendo algo similar a lo que nosotros sentimos. Yo siempre sentí que mi admiración por ese señor era exclusiva. De manera que, cuando me enteré que venía a México y yo ya tenía la edad suficiente para ir a verlo, di por hecho que finalmente conocería a este personaje de mi infancia.

La verdad es que no tuve manera de verlo. Traté de entrar al registro durante más de una hora, investigué si me servía mi viejo gafete del Universum para entrar… y terminé viéndolo desde mi oficina.

Mientras veía la transmisión recordé lo que me enseñaron mis profesores divulgadores de la ciencia. Siempre nos dijeron que había que divulgar despertando siempre las emociones, pues así era más fácil fijar el conocimiento en la mente. En estos días pude ver cómo cambió ese sentimiento que no produjo este divulgador de bata verde.

Del humor pasamos a la nostalgia. Y aunque en el país de donde Beakman surgió le dijeron que su programa no había enseñado, quiero decirles que eso es una mentira. A toda una generación nos enseñó: quizá no un montón de conocimientos y teorías científicas  pero sí a crecer de niños a adultos sabiendo que, la ciencia , la vida y los científicos; no son cómo los pintan

7 comentarios en “El Beakman que nos cambió.

  1. Me gustaba grabar los programas en cintas VHS, ¡debí tener grabados unos 20 episodios! Aún años después, a semestres de finalizar la carrera y conocer más a fondo muchos fenómenos, sigo recordado sus explicaciones y experimentos. Fue bastante emotivo verlo en vivo junto a miles de nuestra generación. Hasta hace cosa de pocos meses tambien creía que era el único niño que le gustaba ese programa jaja.

    1. Rodolfo, nos da mucho gusto que te hayas sentido identificado. Y sobre todo que pudiste revivir todos esos recuerdos de la infancia, no hay nada como ello, y estamos seguros que esa presentación también te va a marcar toda la vida. Excelente y gracias por compartirnos tu comentario

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