Porque le quiero

Por Gabriela Ledesma

Porque le quiero. Es lo que respondemos cuando nos preguntan ¿y por qué sigues con él o ella? La mayor parte del día nos quejamos, molestamos y hasta lloramos. Decimos que no nos importa, que pronto pasará y que lo superaremos rápido pero ¿por qué nos engañamos?

codependenciaSabemos que queremos estar con esa persona, que tenerlo cerca nos hace bien y cambia automáticamente todas nuestras emociones pero ¿qué pasa cuando el “querer” se convierte en “necesidad”? ¿Cuándo nos olvidamos de nuestra vida por pretender  “estar” en la de él o ella?

Yo he pasado por eso, tengo amigas que lo han vivido y la verdad, no dudo que quien esté leyendo esto también lo haya sentido. ¿Es frustrante no? Todo comienza siendo color de rosa, te haces ilusiones (y sí, ése el primer problema: ver en la persona algo que no es, no fue y obviamente nunca será), sonríes y vaya, no ves defecto alguno porque al enamorarte, la parte del cerebro asociada con el juicio se suprime.  En fin, te la pasas derrochando dopamina,  oxitocina y vasopresina que se producen durante “los placeres táctiles” (bueno pues, los abrazos, las caricias, los besos…).

Decimos sentir “mariposas en el estómago”, lo cual realmente no sé por qué elegimos a esos curiosos animalitos puesto que son tóxicos. Son lindos sí, muy llamativos y a casi todos les gustan (y digo “casi todos” porque a mí me dan miedo). En su etapa de orugas se alimentan de unas hierbas llamadas asclepias, las cuales contienen cardenólidos, que es una sustancia química que permanece en su organismo y es dañino para los pájaros y las lagartijas.

El corazón parece colapsarse y, no es para menos si una mirada o sonrisa del susodicho o susodicha bastan para que segreguemos una gran cantidad de adrenalina. Nuestro pequeño músculo late unas 130 pulsaciones por minuto produciendo miles de glóbulos rojos, y eso hace que nos sonrojemos.

la-codependencia-en-el-ministerio2Pero a medida que el tiempo pasa, todas estas reacciones van perdiendo intensidad. El cuerpo se va acostumbrando y es cuando comienzan a salir los “detallitos”. Es muy normal pero no por eso deja de ser algo desconcertante para muchos de nosotros. Si bien nos va, a pesar de que el efecto narcotizante baja un poco, las endorfinas toman protagonismo en nuestra historia de amor provocando una sensación de apego y seguridad hacia quien amamos, por eso sufrimos tanto, lloramos, dramatizamos y buscamos un árbol de dónde colgarnos cuando nos separamos del ser querido.

Son ciclos, naturales y emocionales. Es importante saber cuándo es el momento de dejarlos ir y no aferrarnos a algo que por muchas razones ya no puede ser.  Como suelen decirnos: “No es para tanto”. Total, puedes ir tranquilamente por una caja de chocolates y vas a segregar exactamente las mismas endorfinas que cuando te enamoras, y así, esperar a que una nueva revolución de hormonas comience. Perdón. Y así, esperar a que te enamores de nuevo.

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