Una vida libre

Por Carmina de la Luz

(Cuento ganador del Premio Nacional de Divulgación de la ciencia Miguel Angel Herrera)

La habitación era muy pequeña y olía horrible, como a una mezcla de sudor, polvo, tabaco y desodorante barato. Casi era insoportable, pero Lorena prefería estar ahí que sentir el agudo dolor en la boca del estómago producto de su soledad. Aun cuando creía que la experiencia de tener sexo con un desconocido iba a ser mucho más reconfortante, la verdad era que mientras Daniel la penetraba sin barrera o protección alguna, ella pensaba en todo menos en el posible placer de experimentar.

    Pensaba en Bruno, su ex novio, y en cómo había terminado con ella hacía escasas dos semanas.

–Ya no te amo –fueron las cuatro palabras que aun retumbaban en la mente de Lorena, calándole hasta el alma.

–Pero podemos intentarlo de nuevo, darnos un tiempo nada más, por favor no me dejes –rogaba ella.

–Por favor, no insistas… hay alguien más.

Y así fue que a Lorena se le fueron más de cuatro años de noviazgo directo al carajo. Ante eso, tener relaciones sexuales con un tipo mucho más atractivo que su ex representaba la mejor venganza y hacerlo sin usar condón era aun más dramático. Ahora ella era libre y podía hacer lo que quisiera.

Luego de dos semanas de retraso en su periodo menstrual, Lorena fue a la farmacia a comprar una prueba de embarazo casera. Las dos rayitas mostraban un resultado contundente: en su orina se encontraba una buena cantidad de hormona Gonadotropina Coriónica Humana propia de las mujeres embarazadas.

  Lorena tuvo que hablar con sus padres. Mintió al contarles que el bebé era de Bruno y que ella no quería nada con él debido a su rechazo. Entre los tres tomaron la decisión de criar al niño y de que la joven futura mamá continuara con sus estudios. Desde ese momento Lorena no podía dejar de imaginar cómo sería su vida como madre, no le causaba molestia sino más bien miedo y una singular alegría de tener a una personita creciendo dentro de ella.

Resultaba largo el camino de su casa a la universidad. Lorena tenía que tomar un camión que la llevara al metro y de ahí viajaba dieciséis estaciones antes de llegar a su destino final. Estas eran suficientes como para aprovechar el tiempo y tomar una buena siesta, algo que Lorena hacía con frecuencia. Sin embargo, quizá por la euforia de su incipiente embarazo, ese lunes Lorena no pudo conciliar el sueño y se distrajo viendo los símbolos de cada estación, escuchando atentamente a los vendedores ambulantes y observando a las personas que entraba y salían del vagón.

Fue en ese momento que un cartel llamó su atención y entonces se dio cuenta que el embarazo, ser madre soltera y continuar estudiando como tal, tal vez constituían el menor de sus problemas, ya que la vida estaba a punto de enfrentarla a algo mucho mayor.

Desde un teléfono público Lorena hizo esa llamada que la mantuvo helada durante un buen rato y que la llevó a visitar la clínica médica. Su médico familiar le mandó hacerse unos análisis de sangre y luego la citó a la primera de una larga serie de consultas.

–Buenos días Lorena, por favor toma asiento para que hablemos sobre tus resultados –dijo amablemente el doctor.

–Gracias doctor­ –respondió ella con voz temblorosa. Estaba tan nerviosa que ya había terminado de morderse todas las uñas y arrancarse los padrastros de los dedos.

–Lorena, lamento comunicarte que eres seropositivo– dijo el doctor con voz seria.

– ¿Qué significa eso doctor?

–Significa que tienes una infección por VIH. El VIH es un virus, el virus de Inmunodeficiencia Humana, un parásito que…

– ¿Tengo sida? Quien tiene ese virus es un sidoso ¿Me voy a morir? ¿Qué pasará con mi bebé? –lo interrumpió Lorena, mientras saltaba de su asiento y comenzaba a dar vueltas por el consultorio al mismo tiempo que jalaba su cabello.

–Tranquila. Esto no será para nada una situación fácil. Te estás enfrentando a una de los mayores males de nuestro siglo, pero contrario a lo que mucha gente piensa, no todo está perdido, hay esperanza y tú estás muy a tiempo.

– ¿Me puedo curar? –preguntó la chica al tiempo que retornaba a su asiento.

–Mira Lorena –dijo el doctor pacientemente –si vamos a enfrentar esto, es necesario que entiendas varias cosas.

El corazón de la chica latía como nunca antes, sus manos estaban frías y sudaban a cántaros, ya no podía aguantar más y entonces rompió en llanto.

–Estoy perdida, el SIDA no se cura, solo tengo veintitrés años ¿Qué le diré a mis padres y a mis amigos? ¿Cómo voy a criar a mi bebé si estaré muriéndome? ¿Y qué pasará con él o ella? Si está creciendo en mis entrañas y se alimenta de mí entonces seguramente nacerá enfermo.

–No estás perdida. Tu bebé tendrá la oportunidad de nacer sano. Necesito que me escuches.

Entonces, ya más tranquila, Lorena comenzó a poner atención a lo que el médico intentaba explicar.

–Primero que nada, debo decirte que fuiste muy valiente al hacer esa llamada. La mejor decisión que pudiste haber tomado fue hacerte la prueba de ELISA para detectar la presencia de VIH. Ahora tenemos que actuar rápido para mantenerte viva y salvar a tu bebé –continuó diciendo el doctor mientras le entregaba a Lorena un libro sobre VIH y SIDA.

–Pero ¿me puedo curar o no? Porque lo que yo sé es que el SIDA es una enfermedad incurable.

–Sí, eso es cierto, el SIDA no se cura. Sin embargo, debo decirte que en este momento tú aun no sufres SIDA. Lorena, tú estás presentando VIH, que no es lo mismo que SIDA.

– ¿Y el VIH sí se cura?

–No. Lamentablemente, luego de que una persona se infecta por vía sanguínea o por tener relaciones sexuales sin condón, el virus entra al organismo humano y ahí resulta imposible erradicarlo. La ciencia aun no ha desarrollado una vacuna contra el VIH, pero sí existen tratamientos que evitan que se desarrolle SIDA a partir de la infección por VIH.

–No entiendo qué es VIH y qué es SIDA. Si me voy a morir es mejor que me lo diga ¡Dígame la verdad! –dijo Lorena ya muy desesperada.

–El VIH es el agente que provoca SIDA. El VIH es un virus y el SIDA es el padecimiento o enfermedad. Lo que el VIH hace dentro de nuestro cuerpo es atacar a un tipo de células llamadas linfocitos T, de tipo CD4. Ningún virus puede vivir por sí solo, necesita de alguna célula para poder reproducirse.

– ¿Y esos linfocitos T CD4 qué hacen?

– Los linfocitos T CD4 son parte del sistema inmunológico.

– ¿El que evita que nos enfermemos?

– Exactamente. Los linfocitos T CD4 funcionan como una alerta cuando entran a nuestro cuerpo organismos que pueden enfermarnos: bacterias, hongos, parásitos e incluso otros virus. Lo que sucede en una persona con VIH es que sus linfocitos T CD4 comienzan a disminuir cuando son atacados por el virus y entonces cualquier otro agente patógeno puede entrar a nuestro organismo y enfermarnos fácilmente.

– ¿Entonces el SIDA se presenta cuando ya no tenemos suficientes linfocitos T CD4 que nos protejan?

– Así es. SIDA significa Síndrome de Inmunodificiencia Adquirida y es un conjunto de síntomas que presentan las personas cuya cantidad de VIH es tan grande que ha disminuido la capacidad de que su sistema inmune pueda defenderlo. Las personas con SIDA pueden ponerse muy graves ante un simple virus como el de la gripe o una infección estomacal por bacterias.

– ¿Y yo qué tengo que hacer?

– Pues yo te sugiero que hables con tus parejas sexuales para informarles de tu situación. Es importante que ellos también se hagan la prueba y sepan si están infectados.

– Entiendo doctor. La verdad es que sé quién pudo haberme infectado. Yo solo he tenido dos parejas sexuales y con la primera siempre usé condón.

– Pues entonces habla con la otra persona.

– No tengo cómo localizarlo. Nada más supe su nombre y solo lo vi una vez –Entonces Lorena recordó a aquel joven. Era un tipo muy guapo, alto, fornido, parecía tan sano. Cualquier mujer habría deseado acostarse con él, cruzar sus genes con los de él –Se llamaba Daniel y no parecía enfermo.

–Muchas personas no lo parecen. De hecho pueden vivir durante mucho tiempo sin saber que tienen VIH porque aun no han desarrollado la enfermedad. El VIH y el SIDA son una epidemia mundial, un mal que puede sufrir cualquier persona sin importar si es rico o pobre, hombre o mujer, viejo o joven, homosexuales o heterosexuales, negros o blancos. Aunque, desgraciadamente, las mujeres de tu edad constituyen el mayor número de víctimas.

– ¿Y cómo es que mi bebé se puede salvar? Preguntó Lorena, ansiosa.

– Pues eso va a depender de que tú seas muy responsable con el tratamiento que te daré. De ahora en adelante, de por vida, tú tendrás que tomar un conjunto de medicamentos con acción antirretroviral.

– ¿Retro qué?

– Antirretroviral. Lo que hacen estos medicamentos es evitar que el VIH se reproduzca y así, el número de células infectadas sea también menor. Tu bebé puede nacer sano si no lo expones a una carga viral grande. La carga viral es la cantidad de virus que haya en tu organismo. Si mantenemos este número en cantidades bajas, entonces la probabilidad de que tu bebé nazca sano es hasta de un 99%. Después de que nazca no podrás amamantarlo, ya que junto con el semen, los fluidos vaginales y la sangre, la leche es uno de los flujos corporales que presentan gran cantidad del virus, suficiente como para infectar a tu bebé.

– Entiendo.

– Es importante también que hables con tus seres queridos, familiares y amigos.

– ¿Ellos también se pueden infectar si están cerca de mí?

– No. El VIH no puede transmitirse por el contacto cotidiano con las personas infectadas. La saliva o el sudor, por ejemplo, sí presentan VIH pero en cantidades muy bajas, por lo que no puedes infectar a otros por medio de estos fluidos. No vas a infectar a ninguna persona si la saludas de mano o de beso, ni porque compartas el vaso o la comida.

– ¿Pero entonces que les digo?

– Pues todo lo que hemos hablado hasta ahora. Es importante que ellos estén a tu lado enfrentando la infección. Necesitarás de su apoyo y comprensión, sobre todo si en algún momento llegas a desarrollar la enfermedad.

– ¿Pero qué no dijo que con el tratamiento ya no…?

– El tratamiento es muy importante y útil Lorena, pero nunca se puede asegurar que alguien no desarrollará la enfermedad, aun con el mejor tratamiento. Las personas sin tratamiento no suelen vivir mucho, mientras que aquellas que son responsables y lo siguen al pie de la letra, pueden llegar a vivir décadas. Sin embargo, cada persona reacciona de manera distinta. Lo importante ahora es empezarlo contigo, para que tu bebé nazca libre de VIH y de SIDA.

– Está bien doctor. Yo estoy dispuesta a hacer todo para salvar a mi bebé y estar el mayor tiempo posible a su lado.

– De acuerdo, doctor. Muchas gracias ­–Entonces Lorena salió del consultorio. El temor aun la invadía, no estaba libre de una muerte por SIDA, pero sí podía hacer que su bebé naciera sano.

– Quiero que leas muy bien el libro que te di y que si en algún momento tienes dudas no tardes en acudir a mí, ¿de acuerdo? También es importante que sepas que si en algún momento decides iniciar alguna relación, debes ser honesta y hablar de esto con tu pareja.

No debes tener relaciones sexuales sin condón, ni siquiera con una persona que también esté infectada, ya que reintroducir de nuevo el virus aumenta el riesgo de que desarrolles SIDA.

“Mi nombre es Carlos y Lorena era mi madre. Luego de mi nacimiento vivió un par de décadas más durante las cuales me enseñó a cuidarme y ser responsable de mis actos. Siempre me habló con verdad acerca de su historia con el VIH-SIDA y de cómo gracias a un tratamiento responsable y a tiempo yo pude nacer sin este mal. Hasta la fecha no se ha encontrado una vacuna contra el VIH ni tampoco una cura para el SIDA, pero confío en que la ciencia trabaja en ello. Se además, que la educación es muy importante para prevenir más infecciones de este tipo y espero que esta historia sirva para ello.

            Aun recuerdo la fase terminal de la enfermedad de mi madre. Como familiar uno debe estar preparado para enfrentar las enfermedades oportunistas que acaban poco a poco con las personas con SIDA. Sin embargo, me gusta más recordar todos los años que, gracias al tratamiento, Lorena vivió con calidad, a mi lado. Agradezco y valoro esos años, tanto como la valentía que ella tuvo al hacer aquella llamada para darme el mejor regalo que se puede pedir: una vida libre de VIH.”

FIN

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