Entre huesudas y súper héroes

Por Jonathan González

Las calaveras salen de sus tumbas para caminar entre los vivos, el olor a copal en el ambiente se deja sentir. El cempasúchil enmarca el pavimento con sus colores alegres. Aquí en estas calles la gente comienza a colocar las ofrendas, cada una con un concepto diferente, pero con esa esencia de recuerdo y añoranza al encuentro.

MUERTOS1Los niños tratan de rescatar una tradición que parece diluirse o esfumarse como el humo. El pedir calaverita se ha desvirtuado en esta época, es curioso ver a niños disfrazados con elementos decorativos completamente agringados el hombre araña, el hombre murciélago parece que pueden vencer a la catrina, huesuda tilica y flaca.

Esos grabados de José Guadalupe Posada con personajes descarnados, exhibiendo cada uno su osamenta pero vestidos con prendas y atavíos que identificaban claramente su idiosincrasia, ilustrando versos que ironizaban a los vivos como muertos en potencia, le permitían al pueblo que era destinatario y transmisor del mensaje, sublimar sufrimientos de la vida cotidiana y expresar su rebeldía a través de uno de los escasos medios disponibles en esa época de terror político.

Las “calaveritas” como expresión poética popular y las “calaveras” de Posada como manifestación plástica de ese sentimiento tragicómico de la vida, llegaron entonces a una síntesis perfecta e ilustran de un modo inigualable un momento histórico preciso. Estas hojas volantes, al igual que las que ilustraban los “corridos”, las “coplas”, los “ejemplos” y otros reclamos públicos de justicia, eran voceados por los vendedores en las calles y muchas de ellas adquiridas por personas iletradas que aprendían de memoria los versos y los recordaban a través de sus magníficas ilustraciones.

Pocos son los infantes que piden calaverita o como diría un niño que camina por estas calles, pedir dulces. Ellos van felices de la vida con recipientes alusivos a la fecha (brujas, momias,  calabazas)

Pero ¿por qué se ocupa el término calavera?

MUERTOS3Este término se ocupó  para expresar caridad. El donante daba limosnas como auxilio para un alma, mientras que el pobre recibía la donación en calidad de representante de esa alma. La caridad en forma de calavera se convirtió así en un símbolo que representaba el vínculo entre la ayuda para los muertos y para los pobres.

La jerarquía siempre ha sido importante en este ámbito apegado a la religión, el concepto del purgatorio era así la causa para que ricos y pobres accedieran a la religión de diferente manera. Mientras que el pobre ofrecía alimentos abundantes en una ofrenda para que las almas de sus difuntos pudieran sostenerse en los infiernos, el rico necesitaba dar generosamente a los pobres para lograr así un acceso más rápido al paraíso.

Actualmente esta festividad ha sufrido cambios significativos, pero es muy cierto que es una excusa de celebración para la cual el mexicano se pinta solo. Y somos tan chingones que hasta de la muerte nos reímos convivimos y lloramos.

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