El primer empleo

Por Omar V. M.

Resulta interesante hablar del empleo en un país como México donde la tasa de desocupación va en considerable aumento,  llegando a 6.9% en zonas como el D. F. y Tabasco. Básicamente el número de desempleados en México subió a 2.6 millones de personas en el segundo trimestre del 2013. Y de aquellos con empleo, el 59.1% se encuentran empleados en la economía informal; sin contar siquiera con seguro social, según revelan datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía e Informática;  señala CNN en su publicación electrónica del 12 de agosto.

images (6)Y sin embargo aquí me encuentro recordando cómo fue mi primer empleo. Por lo general a los 15 años ¿a qué se puede dedicar un individuo?.  Quizás el empleo más común para los chavos en un entorno urbano pueda ser el de empacador, aunque hoy en día es también común encontrar a adultos mayores. Otro empleo común sea quizás el de empleado de mostrador; demasiado típico a mi parecer.

Finalmente, en tantas ocupaciones en las que solemos ver ocuparse principalmente a niños y jóvenes en el entorno urbano, como lavaautos, franeleros, limpiaparabrisas, vendedores de golosinas, entre otros, fue la construcción la actividad en que trabajé por primera vez.

Más por entretenimiento que por necesidad económica, ingresé a “chambear” como “chalan” en una pequeña obra de construcción. Para ser más específico, se trataba de una obra de drenaje en un plantel educativo.

Con 15 años, la secundaria terminada con un par de dificultades que me impidieron ingresar a la educación media, tenía mucho tiempo libre y la oportunidad simplemente se presentó sin buscarla.

chalanEl trabajo era simple, tenía que ayudar a escarbar la tierra para hacer el hueco por donde habría de pasar el drenaje, transportar ladrillos para hacer el pozo. En esos tiempos le tomé afecto a la barreta y el pico, que se volvieron herramienta indispensables en mi trabajo. Especialmente la barreta, cuyo manejo me costó un par de ampollas en la mano. Dije que era un trabajo simple, más no necesariamente sencillo.

Trabajé unos cuantos días, quizá no más de dos semanas. La obra ya estaba avanzada cuando yo entré y tampoco era de grandes proporciones, así que terminó pronto. De aquellos días uno de los momentos más emocionantes fue sin duda mi primer día de paga. No era mucho, es verdad, pero fue emocionante.

Ese día, por consejo de mi padre, di mi primer paga a mi madre;  acto con el que simbólicamente me convertí en un “hombre”. No es cierto, quizás estoy exagerando con la expresión, pero ciertamente la sensación que me embargó en aquel momento fue como del niño que entrega a su madre esa manualidad que hizo en la escuela; solo para ella.

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