Dime que escuchas y te diré…

por Jonathan González

Es curioso estar escribiendo esto mientras escucho música de todo tipo…

En una charla matutina, mientras visitaba el gimnasio, la encargada me hizo la pregunta del millón ¿qué tipo de música te gusta? A lo cual respondí: la verdad de todo un poco, no tengo un género específico.

Young couple sharing a song on one music player.Mientras realizaba los ejercicios, en las instalaciones del gimnasio, la música suena todo el tiempo.Desde el clásico rock de los ochentas, pasando por la bachata de Romeo Santos, y terminando con el “punchis punchis” ; lo cual me hizo cabildear sobre como la música nos lleva por diferentes estados de ánimo sin importar la actividad que estemos realizando.

El sonido está lleno de información útil acerca del entorno y acerca del prójimo. Para extraerla e interpretarla, el cerebro no actúa como una simple grabadora que recibe una señal y la registra tal cual;  sino que distribuye el estímulo sonoro a diversas regiones del encéfalo, donde se llevan a cabo los procesos de reconocimiento e interpretación.

Pero identificar la nota y el volumen de los sonidos que van llegando no basta para reconocerlos como música. Para eso está la corteza secundaria, que analiza información acerca de la armonía (la relación de las notas que suenan al mismo tiempo), la melodía (la relación de las notas en su sucesión temporal) y el ritmo (el patrón de notas acentuadas y notas débiles). Ahora sólo falta integrar toda esa información. De eso se encarga la corteza terciaria, y de allí la señal pasa a otros departamentos cerebrales.

Es muy cierto que la música puede terminar de delimitar la personalidad de cada uno de nosotros, haciendo la función de carta de presentación en la vida social cotidiana. Basta con echar un vistazo entre tu círculo de amigos y encontrar cuanta relación existe entre  su vestimenta y lo que escuchan, musicalmente hablando.Actualmente uno puede saber mucho al respecto de una persona simplemente tomando su reproductor de mp3.

Daniel RadcliffeLas canciones tienen esa facilidad de remontarnos a momentos o situaciones específicas. Podemos recordar los diálogos de aquella gran charla mientras cierta melodía sonaba de fondo en la cafetería, o tiene esa relación infinita con personas que se han atravesado en nuestra vida. Si ese amor nos dejó heridos y moribundos, pues existen muchas letras de canciones que pueden servir de himno para esa persona.

Y como olvidar la primera canción que le dedicaste a ese ser amado. O apuesto a que existe una que te recuerda a tus abuelos… en fin, los autores de las canciones parecen ser espías encubiertos que plasman fragmentos de nuestras vidas dentro de su repertorio.

Describir el sonido en términos de sus características físicas medibles es una cosa; entender los detalles de nuestra sensación auditiva, que tiene bastante de subjetivo, es otra muy distinta. La percepción, en general, es una colaboración entre el órgano que capta el estímulo y el cerebro, que lo interpreta.

Es prácticamente imposible evitar la relación música y vida diaria. Los recuerdos y sensaciones hacen de las suyas; acompañados de una bella canción.

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