Mareos voluntarios

Por Sergio Reyes

“En la prepa conocerás a las mujeres, el alcohol y la fiesta”, palabras de mi mamá cuando termine la secundaria y me esperaba una nueva vida con una escuela más lejana, otras personas, nada de uniformes. Más libertad.

Cuando uno se involucra en otro hábitat trata de ser parte de él, no ver todas las situaciones como lo más normal posible, que si alguien parece chimenea al fumar, no dices nada, que si una muchacha se la pasa maquillando el 90% de lo que dura la clase, también es normal. Que si te invitan a un billar en donde se le vende alcohol a menores, pones cara de que es normal y aceptas la invitación.

Ya en el billar haces como que juegas, agarras los cuadritos que “afilan” el taco y lo frotas como si supieras lo que estás haciendo, luego, las luces amarillas llegan a impactar de tal manera que la frente empieza a sudar, es cuando los nuevos amigos que has hecho deciden refrescarse. Atrás quedaron el agua de limón y el refresco, ahora te invitan una cerveza de a litro de la que beben entre varios: no para ahorrar, más bien para que alcance para la bebida y para pagar la renta de la mesa de billar.images

En el primer sorbo trago más saliva que cerveza, llega un sabor agrio, poco agradable, pero el ambiente hace que te importe más el encajar con tus amigos que ser bondadoso con tu paladar. Ya para la tercera ves un amigo dice que sólo “beso” la botella, que no le tomo nada, entonces comienza lo que hasta hoy es un clásico, el “fondo, fondo, fondo”, es ahí cuando la cerveza agarra un giro interesante.

Quizá sea el ambiente creado por la cerveza que se dice libera endorfinas y te sientes ligeramente feliz, o realmente hay sed por jugar billar. Pero el calor del lugar con el líquido frío que recorre mi garganta y se va poco a poco a mi frente lejos de resultar impactante es agradable, y las risas de mis nuevos amigos me hacen sentir contento en ese lugar, Tan contento que repito la dosis varias veces.

Pasadas las botellas, sé que arrastro las palabras y que mi equilibrio no es el mismo: pero no me importa, platico de todo con mis acompañantes y cada que pasa una botella por mis manos procuro tomar hasta que el frío de mi garganta ya no pueda con más. Al final tengo que salir del lugar, pues mis amigos consideran que ya me puse muy mal, uno de ellos me invita unos tacos de canasta, me dice que le ponga mucha salsa para que “se me baje”, para rematar un refresco de cola muy frio ayuda a estabilizar mi temperatura.

No sé cuanto tomé, pero creo que no fue mucho, porque hasta la fecha mis amigos me dicen que “no aguanto nada”, hasta se llegan a reir un poco y me dicen con un tono bastante simpático “¿Es que cómo no te ibas a emborrachar? Te cruzaste: tomaste cerveza clara y oscura”.

De vez en cuando recurro a mareos voluntarios, pero prefiero bebidas que considero “de más clase” que la cerveza. Vino está bien, aunque licor de café me agrada más. ¿Quién me invita unos mareos voluntarios?

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