Suculencias de la dama blanca

 Por Diego A. López

En múltiples ocasiones hemos tenido la sensación del hueco estomacal, manifestado por pequeños y largos gruñidos como si fuese un horrible y carnívoro monstruo en nuestro interior. Sin embargo, es el sonido de lo inevitable, la ansiedad y lo indispensable para la supervivencia humana. Satisfacer el apetito…

Foto PortadaLa ausencia de comida durante varias horas puede volverse una rutina en la jungla de concreto qué es la Ciudad de México, dependiendo de la actividad ejercida, sea cuál sea su contexto, escuela, trabajo, tráfico, transporte, espera, compras, entre otras. Ejemplo del caos, la rapidez, la dinámica y el sedentarismo de esta gran urbe en donde la comida más accesible es la qué encontramos en la esquina y en espacios inmediatos. No obstante, cuando vamos de excursión, de campo y aventura, la alimentación y la hidratación se vuelve una elección de sabiduría, conocimiento y experiencia. Un ejemplo, es la actividad deportiva en la montaña.

   Desde el amanecer y después de un ascenso exitoso, comienza el descenso por la ruta de los pies del Iztaccíhuatl. El tercer volcán más alto de México con una altura de 5220 metros sobre el nivel del mar. Una agradable jornada con un excelente clima, cielo azul celeste, un equipo estrella y sobre todo, el deleite de la contemplación de la naturaleza. Es patente, el cambio del entorno natural propio de la media a alta montaña mexicana, que entre el conocimiento técnico del montañista es una transición conformada esencialmente por bosques, musgos, zacate o pastizal alpino (2000 a 3000 msnm); posteriormente, la alta montaña (4000-5000 msnm) donde solamente encontraremos roca, hielo y nieve. Terreno dificultoso, sensacional, divertido y un reto al esfuerzo físico y mental.

   El montañista debe tener siempre en mente la cuestión de la alimentación y su cantidad. De ella depende para obtener la fuerza y energía necesaria para llegar a nuestros objetivos. Uno de los mejores consejos para alcanzar un buen ascenso, además de ir ligeros de peso y no estar cargando estorbosos trastes y cazuelas es la de cargar bolsitas o pequeños recipientes de fruta seca; la fruta al natural puede pudrirse fácilmente (cómo unos ricos duraznos o manzanas qué de un en un día a otro pueden perder su sabor) por las variaciones de temperatura en el ambiente, barritas de granola y de frutas, de amaranto, palanquetas, chocolates y gomitas de dulce que en ocasiones comemos cómo botana y antojo se convierten en una fuente poderosa para recobrar y subir el ánimo y energía en aquellos terrenos. Finalmente, una porción de pasta fusilli o espagueti con puré de papa. Todos ellos, tentempiés que servirán en el campamento base a mitad de camino y al llegar a la cumbre. Claro está, el agua es indispensable, sobre todo qué en las faldas de la dama blanca hay escasos lugares a la vista donde recargar el líquido vital.

   Foto 3Es riquísimo y único comer encima de las nubes, campos, calles, pueblos y ciudades, donde la gente duerme  y sus luces resplandecen en la lejanía,  la luna inmensa brilla e ilumina; de la madriguera, el pequeño conejo teporingo sale también a buscar comida; el viento resopla y el frío adorna al alba la tierra de blanco y cristal, presentando a los volcanes Doña Rosita y a Don Goyo, expectantes, vivos, grandes y eternos en los albores del tiempo y de la historia.

   ¿A qué sabe un plato de comida después de no comer durante varias horas?  Es el sabor de la gloria, el placer y la victoria. Después de pequeños y ligeros alimentos, al llegar al campamento base, aquél monstruo interior pide y reclama. Lo atendemos con el disfrute de la comida caliente en riquísimas quesadillas y tacos de maíz azul (de hongos, de papa con longaniza, de cecina sencilla y enchilada, de papa, de requesón, de huitlacoche, de hongos zetas, entre otros) acompañado de nopalitos asados, la sopa de hongos y médula, con una bebida cómo atole, café de olla en jarritos de barro y de tomar una cerveza o refresco. Hechas por las sabias manos de las señoras poseedoras de un conocimiento celoso y ancestral de la alta montaña qué calman y sacian el apetito del montañista y explorador

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