“Mujeres y niños primero… tercera clase al final”

Por Sergio Reyes Aguilar

 Después de muchos años y recuerdos que parecen de otra vida, me decidí a escribir mi historia, que más que una aventura, fue una finta a la muerte. El sobrevivir en el Titanic no sólo es un suceso, es por sobre todas las cosas existentes: una bendición. Apenas era un niño cuando supe el valor terrenal de la vida y el temor de tener la muerte tan cerca, además del pánico de ver numerosas muertes en menos de tres horas.

titanic1 El 10 de abril de 1912, varias personas, 2227 para ser exactos, nos sentíamos en un lugar privilegiado del paraíso. Pero nos bastaron cinco días y un iceberg para desear nunca habernos subido al Titanic. Desear, al ver la inmensidad y fría crueldad del mar, nunca haber nacido.

 Ese 10 de abril, al momento de subir a la embarcación, sabía que estaba viviendo un momento histórico, iba con mi tío, cuyo nombre mi garganta desgarrada no me permite mencionar, fuimos recibidos amablemente por un oficial. Mi tío no se casó ni tuvo hijos, con el permiso de mis padres me llevó con él. Yo fui el hijo que nunca tuvo y él fue el padre que siempre quise. Me dio el mejor regalo de mi vida, su compañía en el Titanic.

 A pesar de tener boleto de 3ra clase, a su lado me sentía el más privilegiado, él hacía ver la humildad de 1ra clase, podíamos viajar en la habitación de intendencia y hubiéramos sido felices. Porque lo maravilloso era estar en el Titanic, era estar con él, era estar juntos.

 Construido en los astilleros de Harland and Wolff, en Belfast, Irlanda del Norte, con nueve cubiertas, la Eslora de 269.06 metros, con su Manga de 28.19 m. y el Puntual de 53.3 m., pero con sólo 16 botes salvavidas y cuatro balsas, el trasatlántico, el 10 de abril partió desde Southhampton, Inglaterra para luego ir a Queenstown y finalmente a Nueva York. Pero el Titanic nunca llegó a la ciudad estadounidense.

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 Y es que el 14 de abril a las 11:40pm el barco chocó con un Iceberg al sur de Queenstown, al sur de las costas de Terranova. Yo, como todo niño conservador, a esa hora ya estaba profundamente dormido en el cuarto que compartíamos con otras pers

onas. Un delicado toque en mi hombro me despertó. Era mi tío. “Levántate, vamos a irnos en una lancha”, me dijo con toda la tranquilidad, como si fuera un secreto. Un secreto entre él, yo y el destino. Sólo nos pusimos todos los suéteres que llevábamos, no empacamos nada. Pensando que volveríamos, dejé a mi otro gran amigo, mi oso de peluche “Cheché”.

  Al salir, noté un caos que nunca vi en mi vida algo  igual o parecido. A los oficiales que estaban acomodando a las personas en los botes salvavidas, gente con abrigos costosos, anillos brillantes y zapatos de piel les decían altaneramente: “¡Déjame subir ahora, maldito bastardo infeliz!”, “¿Acaso no sabes quién soy yo, imbécil?”. Algunos empujaban a los oficiales y sin más, se subían a la lancha, por lo regular mujeres y niños, los hombres aguardaban mientras maldecían “¡Mi reino por un jodido bote!”, mientras que su esposa, hermana, amante, hijos, sobrinos, nietos, ¿¡Qué sé yo!? Subían a los botes. A pesar de estar en una temperatura muy baja, había calor de desesperación y frustración.

titanic6 Mientras pasaba esto, mi tío, con ambas manos, con las palmas completamente extendidas, me apretaba los antebrazos, con una fuerza de frustración ¡Nunca me había agarrado así! Hoy en día, pienso que lo hizo porque sabía nuestra inferioridad, sabía de nuestra 3ra clase, sabía que teníamos nulas probabilidades de salvarnos, ¡Sabía que éramos pobres! Pero una luz de esperanza le salió cuando escucho el grito entrecortado de un oficial: ¡Mujeres y niños primero! Con la fuerza de su frustración sobre mí, me cargó inmediatamente. ¡Aquí llevo a mi hijo!, gritaba mientras se abría paso con su humilde atuendo entre señores opulentos. Sólo mujeres y niños, le dijo un oficial a mi tío, pero es mi hijo, no tiene a nadie más, los niños que se subieron llevan a sus mamás, él no tiene a nadie, yo soy el responsable de él. Sólo mujeres y niños, repitió el oficial. Yo comencé a llorar. Lloré por mi tío ¡y por la maldita mente cerrada del oficial que no entendía que mi tío era lo único que tenía en el mundo!

 Con las lágrimas en forma de canicas en mi cara, mi tío me dijo: ahorita te alcanzo, mientras nuestras manos derechas se agarraron más fuerte que nunca, yo estaba esperanzado de volverlo a ver… él creo que no. Me subió al bote, sólo pensaba en que me alcanzaría, en unos minutos, en unas horas; al más tardar cuando los rayos del sol volvieran a aparecer.

 En el transcurso una señora me consoló, no recuerdo lo que me decía, sólo pensaba en que uno de mis héroes estaba siendo atacado por un mar cruel. Y que mi infancia estaba a punto de ser destruida por un oficial inepto y sin corazón. “Ahorita te alcanzo”, fueron las últimas palabras de mi tío, que hasta la fecha retumban en mi alma.

 Cuando estaba a punto de hundirse, y se tenía la esperanza de barcos salvadores, el SS Californian que estaba a menos de 10 millas, no fue al auxilio del Titanic, esto por la teoría de que Jack Phillips, primer oficial de radio, esa mañana, dejó de tener en funciones el telégrafo.

 titanic corregidoEl que acudió a la ayuda fue el barco Carpathia, que se encontraba a 107 km de distancia, al recibir la notica de que el Titanic se estaba hundiendo, cambió de rumbo rápidamente.  El Carpathia fue considerado heroico por la ayuda brindada, los sobrevivientes vimos en este barco la representación máxima de esperanza y salvación hecha materia. En 1918 cayó por tres torpedos alemanes (casualmente el mismo número de la clase Olympic, a la cual pertenecía el Titanic), el Carpathia, se volvió mítico para vivir en los corazones de los sobrevivientes: nació una leyenda,

 El barco comandado por el capitán inglés Edward John Smith, quien murió honorablemente con su tripulación a los 62 años de edad, dando órdenes para evacuar a los privilegiados sobrevivientes. En esta crisis, él siempre mantuvo la calma y la sobriedad, y como todo capitán con clase, él en ningún momento pensó en salvarse a sí mismo por encima de los pasajeros, incluso, por encima de su tripulación. Bueno, eso decían los periódicos de la época.

 La tragedia no distinguió tipo de boleto, alcanzó a personas de primera, segunda y tercera clase. Aunque ésta última tuvo más víctimas, el 75% de los caídos fueron de tercera.

titanic7 Se hundió totalmente a las 2:20am del 15 de abril, un millón y medio de libras esterlinas están en las profundidades del Océano Atlántico. Los botes salvavidas eran insuficientes, de las 2227 personas a bordo, los botes eran para 1178 personas y se salvaron 705. Luego dijeron que otros cuatro barcos rescataron 328 cuerpos, pero que 119 fueron tirados al mar por su avanzado estado de descomposición.

 Cada aniversario luctuoso me llega una nostalgia más fuerte que la pasada, es cada vez más intensa que estoy seguro que me llevará con mi tío, ya no se supo de su cuerpo. Esta nostalgia está a punto de ausentarme para siempre de la tierra. Nunca volví a tener un oso de peluche, tampoco me volví a subir a un barco, ni siquiera a una lancha y en mi vocabulario no existe la frase “ahorita te alcanzo”.

3 comentarios en ““Mujeres y niños primero… tercera clase al final”

  1. pienso que eso no era momento de pensar primera clase o segunda o tercera todos somo seres humano sin distincion algunas… te puedo a postar que todos los muertos de primera clase nose llevaron su dinero a la tumba .. la verdad que esta historia es muy triste y cada vex que veo un articulo de este lloro.. me siento muy mal del hecho ocurrido lo siento muchisimo cada dia mas

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