Agua en México

Por Jothan Balderas

Resulta muy desagradable despertar y descubrir que del grifo del agua no sale ni una gota. Imaginen que no hay una sola gota de agua en toda la ciudad y que además está situación se prolonga a lo largo de interminables días y después semanas. Eso fue lo que vivió la Ciudad de México el domingo 19 de noviembre de 1922.

agua2Un acueducto que iba de Xochimilco y terminaba en una planta en la Condesa era quien abastecía de agua a la ciudad. Un descuido de un empleado había provocado que las bombas se inundaran. La higiene no era una cualidad de los ciudadanos, la mayoría se bañaba sólo los domingos, así que el día elegido para secar la ciudad no pudo ser peor.

Desde temprano la gente comenzó a vagar por las calles en busca del líquido que sólo encontraron en las fuentes públicas. Los días pasaron, la mayoría de las actividades citadinas estaban detenidas, los baños de restaurantes, cines y demás lugares públicos eran auténticas zonas de desastre, y no se diga lo que ocurría en los hogares.

Un encabezado de El Universal lo dice todo: “No hay agua, no hay agua. ¡No hay agua!” Ingenieros, gente de Luz y Fuerza, expertos en obras públicas y hasta el mismo alcalde se encontraban trabajando en la planta de la Condesa, pero no había resultado alguno. El gobierno se limitaba a informar que el problema se prolongaría cada vez más.

agua3El alcalde solicitó en una carta al presidente, Álvaro Obregón, un experto que evaluará el percance pero el presidente se lavo las manos. Era obvio que no lo quería apoyar porque se acercaban las elecciones municipales y el alcalde de la ciudad, Miguel Alonso Romero, era del partido opositor.

Algunos de los habitantes de las colonias Santa María la Ribera y  San Rafael, contaban con pozos en sus propiedades y regalaron el agua a los más necesitados, fue así como resurgió un viejo oficio, el de aguador. En la desesperación, a un habitante del centro se le ocurrió razonar que, si la ciudad fue construida sobre un lago  tal vez aún quedaban vestigios o aun corrientes de agua. Increíblemente al excavar brotaron chorros de agua sucia que utilizaron para lo más indispensable. Pronto la ciudad se llenó de gente haciendo agujeros por las casas y predios baldíos.

El sábado 25, periodistas y políticos, convocaron a una marcha que se realizó al día siguiente. Exigían la renuncia del alcalde. El alcalde, Alonso Romero, no renunció y para el martes 28 se convocó a una nueva marcha. Miles de personas se reúnen frente al ayuntamiento. Las pancartas dicen: “¡Agua, agua, agua!” La policía intenta dispersarlos a tiros, lejos de lograrlo logran enfurecer más a la gente que intenta tomar el edificio. Hubo 21 muertos y 64 heridos. Los manifestantes incendiaron el edificio, cuyo personal, a falta de agua, no pudo más que ver como el fuego se esparcía.

Finalmente el secretario de guerra, Francisco Serrano, calmó a la multitud y los bomberos controlaron el fuego. El agua no volvió hasta el 2 de diciembre y sólo por unas horas al día.

Riada731[1]Durante la época virreinal, el agua, lejos de ser vista como una bendición era vista como un serio problema. Los españoles, lejos de construir una ciudad lacustre -como sí hicieron los mexicas- fundaron una ciudad terrestre, lo cual obviamente trajo desastres tras de sí.

El 20 de septiembre de 1629, el cielo sobre la ciudad prácticamente se volvió negro. Una terrible tormenta se aproximaba. Desde el mes de julio anterior, se había desatado una atípica temporada de lluvias, pero este día sería el peor de todos. Llovió cerca de 36 horas ininterrumpidas. El lago que rodeaba la ciudad se desbordo. Fue la peor inundación de la que se tiene registro. Solo una pequeña parte de la zona de Tlatelolco y la zona del palacio virreinal en el centro se salvaron de quedar bajo el agua. A este lugar se le conoció como la isla de los perros porque ahí se refugiaron todos los perros que sobrevivieron al aguacero. Las pérdidas humanas y materiales fueron cuantiosas, cerca de 30 000 personas murieron, todos ellos indígenas, y prácticamente toda la ciudad quedo bajo el agua. ¡Agua que tardaría 5 años en retirarse!

La escena era penosa. Más de 20 000 familias se fueron de la ciudad, sólo se quedaron 400. La gente se movía en canoas y se instalaron puentes de madera entre los techos de las casas. Pequeños templos se adaptaron en las azoteas donde la gente tomaba misa. Un curioso hecho se registro cuando la gente y las autoridades decidieron pedir la intervención divina de la Virgen de Guadalupe. En procesión con canoas, trajineras y barcazas; la Guadalupana fue llevada del cerro del Tepeyac a la catedral metropolitana.

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El rey Felipe IV propuso mudar la ciudad o bautizar a otra con el nombre de México. Pero los pocos habitantes que quedaban rechazaron la idea por el costo económico que requería. También se negaron a renombrar la ciudad por su importancia política e histórica.

Hernán Cortés decidió reconstruir la capital sobre las ruinas de Tenochtitlán pesé a las opiniones en contra de sus soldados. No se preocupo por tomar precauciones para enfrentar los embates del clima. Un periodo de pocas lluvias ocurrió durante los últimos años de vida del conquistador y él murió creyendo que su decisión fue la correcta.

Lejos de la triste fama de barbaros y asesinos, los mexicas fueron un pueblo que construyó una ciudad con una gran armonía con el medio ambiente. No fue fácil, tuvieron que pasar inundaciones igual de trágicas como la de 1629 para aprender cómo debían hacer las cosas. Majestosas obras hidráulicas fueron construidas para evitar las inundaciones. Tras una inundación en 1449, Nezahualcóyotl, rey de Texcoco, aconsejo construir una cerca de madera y piedra para evitar que el agua del lago llegara a la ciudad. La mega obra fue construida con la ayuda de todos los señoríos cercanos. Se levanto un impresionante muro con más de 16 kilómetros de largo que dividió al lago de Texcoco, al oriente  de aguas saladas, y al occidente, rodeando la ciudad, de aguas dulces. La obra estaba coronada por una escultura dedicada a Huitzilopochtli. A esta obra se le conoció como el albarradón de Nezahualcóyotl.

images (9)Durante el sitio a la ciudad de México, Hernán Cortés, no dudó en destruir este muro para que sus barcos pudieran navegar. Después de tomada la ciudad, nadie se preocupó por reconstruir la obra, hasta después de una inundación en 1553, el virrey Velasco, mandó hacer un nuevo albarradón, pero fui inútil. El muro solo era una parte del complejo sistema hidráulico de los mexicas, que se complementaba con canales dentro de la ciudad y calzadas – dique, que conectaban con pueblos cercanos. Todo esto aunado a las costumbres de higiene, no se tiraba basura a los canales y los desechos humanos eran utilizados como abono.

Los españoles, lejos de seguir el ejemplo de los habitantes de Tenochtitlán, decidieron arrasar poco a poco, con todos los canales y arrancarle terreno a los lagos, es así como hoy en día no queda prácticamente nada del lago de Texcoco. Parece que se perderá en la memoria aquella ciudad rodeada de agua, pero aún queda una esperanza.

A finales de la década de los 90’s, dos arquitectos, Teodoro González de León y Alberto Kalach, propusieron un ambicioso e interesante proyecto: Vuelta a la ciudad lacustre. Consiste en recuperar y crear nuevos lagos y canales, y rescatar la zona oriente de la ciudad.

Se plantean las siguientes acciones:

–        Inundar a una profundidad de cuatro metros las 12 mil hectáreas de tierras salinas y desérticas libres. Es decir, crear un sistema de lagos para almacenar agua tratada que contribuya a mejorar mediante su vaporización las condiciones ambientales de la ciudad. Este nuevo sistema hidráulico crearía al mismo tiempo, un nuevo litoral de 75 kilómetros (tres veces la bahía de Acapulco) para usos urbanos y rurales, como centros culturales y deportivos, hospitales, universidades, estadios, comercios, viviendas, talleres, industrias, reservas ecológicas, entre otros.

–        La recuperación de poblados y áreas deprimidas de Ecatepec, Ciudad Azteca, Aragón, Nezahualcóyotl y Chimalhuacán, transformando sus alrededor de 40 kilómetros de litorales con lagos, parques, calzadas y canales.

–        Creación de islas para diversos usos y actividades, entre la que destaca una para alojar ahí un nuevo aeropuerto.

–        La comercialización para diversos usos, y con enfoque inmobiliario, de aproximadamente 5 mil hectáreas recuperadas, incluyendo las áreas de los litorales de la zona lacustre, las 800 del aeropuerto y otras 2 mil como áreas de reserva ecológica para usos recreativos.

El proyecto es la continuación del antiguo Proyecto Texcoco. Se nota que es económicamente viable, aunque las autoridades no lo ven así, como siempre, el interés individual y económico de unos pocos se imponen ante el interés del pueblo.

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