Las murallas de tela derribadas

Por Graciela Sánchez

Fotografía de Pedro Zeha (www.imagencautiva.com)

Mientras corren los minutos empiezo a preguntarme si podré sentir esos gruesos labios en mi cuerpo, o si sólo terminaremos en una charla cordial.   Mi deseo sexual va creciendo con las fantasías  las imágenes que voy creando de ti.

DSC_0267Aparece finalmente tu coche y subo rápidamente. No sé a dónde nos dirigimos, pero la verdad, no me importa. Te das cuenta de ello y  comentas alegremente que podrías secuestrarme si quisieras. No lo digo, pero sé que eso es imposible. Jamás podrías ser un secuestrador. Ellos no sienten nada por el resto de las personas, pues si así fuera, liberarían a sus víctimas para que dejaran de sufrir. Así que rápidamente descarto tu comentario con una risa

En cambio, tu estás acostumbrado a vivir bajo dos personalidades, a ser dos personas, tal vez tres. Como los superhéroes, tienes tu alter ego. El ser artista te lo exige. Tú y el segundo tú son lo mismo, pero el comportamiento ante las personas es diferente. El arte no siempre es igual a como se percibe.

A los pocos segundos detienes el coche. Me pides me detenga y escuche el silencio de este  lugar desierto. Como artista todo en ti son emociones y sensaciones. Por lo que cada lugar es inspiración. Bajo tu mirada, la realidad tiene coloridos matices.

Inmediatamente me dices que soy científica, y que por ello no puedo ver más allá de una ausencia de sonido. Para ti no soy más que fórmulas, ecuaciones e hipótesis. La vida vista desde un gris microscopio.

Mientras disfrutamos la brevedad del momento, me propongo enseñarte que no soy quien crees de la única manera que sé; demostrándolo.

Te acercas peligrosamente a mi cuerpo hasta quedar frente a frente. Tus labios se acercan a mi boca y finalmente puedo dejar de desear los labios que quise fueran míos, desde la primera vez que los escuché hablar.

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Mientras tus manos recorren tímidamente el escote de mi blusa, tus besos se vuelven muy intensos. Quiero decirte que con cada beso me pasas un poco de tu testosterona, haciendo que desee cada vez más que me hagas tuya; pero la verdad, no creo que el dato te interese mucho.
Me tomas de la mano  y entramos en el coche. Comienzas tocando el tirante de la blusa, después deciden ir más allá de la blusa buscando, curiosamente, que es aquello que insiste en cubrir. Encuentran aquella redonda extensión de mí y tus labios la recorren y acarician.

Tus manos deciden dejarle el sitio a tu boca, mientras ellas recorren mis piernas. Acaricias sobre la ropa mi anhelante sexo. Tu lengua recuerda mi boca y me besas frenéticamente mientras tus dedos se abren camino a través del sostén.

Recorres dulcemente la unión de mis senos. Mis labios entran a nuestro juego de seducción y atacan tu cuello. Lo recorro y bajo hasta tu pecho, tratando de grabar con mi lengua cada detalle.

Tu camisa  descansa ya en el asiento trasero. Mis manos ya no tienen barreras y emprenden un viaje hasta tu cadera. Tu boca ha pasado las suficientes hormonas, nuestros cuerpos nos han embriagado con el olor de miles de feromonas emanadas de nuestra piel.

Ya no hay razón, sólo pasión. El silencio encuentra con su boca el pezón de las ecuaciones, y con su lengua lo recorre. Mientras ellas  buscan el duro miembro del silencio, y lo acaricia sobre el pantalón.

Aquellas manos que suelen hacer poesía, tocan mis muslos. Y esos dedos que cuentan historias, entran en mi húmeda y anhelante entrepierna. Ya no quiero pensar más, solo deseo eliminar las vestiduras del arte y la ciencia. Quiero sentir nuestra recién enrojecida piel, fundiéndose.

DSC_0604Las murallas de tela han sido derribadas y descansan derrotadas a nuestro lado. El sudor ha salido, buscando regular la temperatura de nuestros hirvientes cuerpos. Aprovechamos nuestra recién obtenida humedad; dejando que los dedos que escriben, y los que investigan, puedan explorar los territorios del cuerpo ajeno.

Finalmente te acercas a mi palpitante ser y entras en mi cuerpo. Ambos nos fusionamos, entramos y salimos del cuerpo ajeno. Mis manos exactas se aferran a tu espalda poética. Nuestras lenguas recorren bocas y cuellos, sabiendo que, pronto, la oportunidad acabará.

El arte ha penetrado a la ciencia, se han vuelto complementarios. Él ha encontrado este nuevo y placentero territorio, y sale y entra rítmicamente de Ella. Rompiendo el silencio con gozantes gemidos.

Por un momento ambos somos uno. No sabemos donde termina uno y comienza el otro. Ambos somos lo mismo. El último gemido llega. El placer lo hemos alcanzado al mismo tiempo. Y sales apresuradamente, poniéndole fin al encuentro.

Salimos del lugar;  debemos correr a la cotidianidad. Y mientras me despido con un suave beso me pregunto ¿cuándo será el próximo encuentro entre las letras y las fórmulas?

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