El hombre que derritió un reloj

Por Graciela Sánchez

En estas fechas recién se celebró el día del niño. Los adultos  no fuimos la excepción; para nosotros, esos son los días de la nostalgia en los que recordamos nuestros juegos y juguetes que nos ayudaron a reír. Muchos tuvimos uno especial, ese juguete  u objeto sin el cuál no nos íbamos a dormir. O , sin su presencia, fantasmas, monstruos o tragedias nos llegan por las noches. El mío fue  un cubo  de satín que babeada hasta quedarme dormida. Ese fue mi objeto de transición

dali3.1Uno de mis hermanos  jalaba los trapos de la cocina. Tomaba sus puntas y las frotaba contra su nariz hasta quedarse dormido (realmente gastábamos mucho en trapos de cocina). Afortunadamente todas las casas usan trapos de cocina, pues si lo olvidábamos e íbamos de visita, la anfitriona salía al rescate.

Con el tiempo dejamos de lado estos objetos. Mi viejo cubo se perdió en alguna mudanza y solo compramos trapos de cocina cuando éstos se hacen viejitos. Muchos los recordamos, sonreímos con nostalgia y continuamos nuestro camino. Pero hubo un adulto que llevó más allá del recuerdo a este “objeto de transición”

Hasta antes de haber leído la biografía de este hombre creía que el objeto de mi hermano era lo más extraño que había visto; pero siempre hay alguien más loco que uno. Él tomo como su objeto a una vieja muleta encontrada en un granero. Era extraña, con un trapo sucio para recargar la axila, y de materiales como la madera.

Como todo objeto de transición o “fetiche” la muleta le sirvió a Salvador para manejar la ansiedad que causa la separación de la madre y contribuir a construir una identidad propia e irnos perfilando en esos adultos que, un día, seremos.

 Y así como extraño fue su fetiche, lo fue aún más el hombre. Perverso, polimorfo, anarquista, déspota, ambicioso, supremo y monárquico. Aparentemente una persona descrita así no llegaría muy lejos. Quizá sería un ermitaño solitario con pocos amigos y una gran bocota.

No se podía esperar un peor futuro para este niño que había sido nombrado “Salvador” en honor a su hermano que había muerto unos años antes. Su madre nunca lo confeso, pero este niño fue mimado hasta el cansancio porque temían también muriera como su primogénito.

Aunque dicen que a Salvador siempre le quedó la sensación de que su madre lo crió  queriendo que fuera el niño muerto y no el propio Salvador.

Creció más o menos normal. Entró a la Escuela de Bellas Artes y fue expulsado por subversión anarquista. Después le dieron otro chance y cuando le pidieron hablar sobre Rafael en un examen él respondió:  “Me es imposible hablar de ese sujeto delante de los tres profesores, porque yo sé mucho más sobre Rafael que todos ustedes reunidos.”

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La verdad es que todo aparentaba que no iba a ser una persona muy normal. Nunca le hizo caso a esos consejos que las madres nos repiten hasta el cansancio y se hizo amigo de personajes como Picasso y Sigmund Freud. Y así, un niño caprichoso, mimado y pedante empezó a pintar cuadros donde, a primera vista, uno nota que no era alguien muy cuerdo.

Muletas, langostas, trozos de madera, penes y vaginas eran los elementos más frecuentes en sus pinturas. Dijeron  (y dicen) que fueron  obras de un genio con apetito sexual reprimido. Con un claro complejo de superioridad y , de vivir en nuestra época, seguro lo hubieran acusado de consumir drogas y sustancias ilegales ( ¿se imaginan a Salvador Dalí comprando marihuana con un dealer?)

Pero, en esos cuadros hay más que drogas, sexo y mujeres. Salvador pintaba sueños y pesadillas, tal como Freud lo había propuesto en su Teoría de los sueños. Pero en sus cuadros también nos contaba las grandes teorías científicas de la época. Pintaba la ciencia a lado de muletas y órganos sexuales.

Cuando yo platico con algunas personas sobre Salvador todos me dicen “Ah, el de los relojes escurriéndose; pero como las pinturas deben de tener un nombre muy apantallante, la pintura fue nombrada como “La persistencia de la memoria” ( que realmente sorprende)

Este cuadro parece un delirio de un Salvador  con serios problemas mentales; pero la verdad es que ese cuadro habla de cómo es el tiempo, visto desde los ojos de la Física.

Esto parece ridículo; ninguno de nuestros relojes anda por la vida viendo como se derriten. Pero en la época de Dalí un hombre de cabello esponjado y blanco nos dijo que el tiempo no era como lo veíamos.

Einstein nos dijo que el tiempo cambiaba y tenía sus propias reglas. Que el tiempo de ustedes, que están leyendo esto,  transcurre a una velocidad. Pero  el tiempo de su mamá, que está subiendo las escaleras de su cuarto, es diferente al suyo.

Es decir, el tiempo de cada uno de nosotros es diferente.  Cada quien tiene su propio tiempo; pero, al final, la diferencia entre nuestro tiempo y el de lado es de microsegundos, y por eso nadie lo nota.

neta4.1Salvador quiso que sus relojes mostraran que la realidad no es un tiempo fijo, mi realidad y su realidad no son las mismas. Pero todos vivimos en el mismo espacio, así que, al final, hay muchos tiempos fluyendo en un solo lugar. (en este momento yo soy microsegundos más viejita que ustedes)

Esta clase de ideas fueron puestas en diversos cuadros de este genio del surrealismo ( una interpretación de la realidad). El cómo se comportaban los átomos, las imágenes dobles representando el principio de incertidumbre, las teorías sobre los símbolos de nuestros sueños de Freud; se unieron en la mente de este hombre y se mezclaron con sus traumas, excentricidades, y amor.

Su firma es el dibujo que Dalí hizo después de ver la primera fotografía que se tomó de una gota de leche cayendo, gracias a un avance científico que se aplicó a la fotografía.

Como amante también marco la diferencia; él no enamoró con flores, chocolates y cartas. Se enamoró de Gal, hija de un abogado ruso . Se citaron  en la playa y , al llegar, Salvador se arremangó la ropa para hacer resaltar el bronceado. Se puso al cuello un collar de perlas y en la oreja un geranio rojo. Se hirió al afeitarse la axila y se embadurnó el cuerpo con su propia sangre, a la que agregó una mixtura de cola de pescado, estiércol de cabra y aceite. Lo cual funcionó, pues estuvieron juntos hasta la muerte. Aunque quedó inmortalizada en sus pinturas.

Y al final, lo que nos dejó de experiencia es que no todo lo que vemos es como es. Los raros pueden tener genios escondidos, la ciencia y el arte pueden estar unidos, y las pinturas pueden atrapar el subconsciente y nuestros sueños.

El 23 de enero de 1989, muere en el hospital de Figueres a los 84 años de edad a consecuencia de un paro cardíaco   después de haber sufrido una larga agonía. Pero los que lo vieron antes de aquel día dijeron  que hasta el final “iba en camisón pero tenía aires de gran señor”

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