La amante

Por Graciela Sánchez

Mientras se acomodaba el escote frente al espejo, no podía dejar de sonreír. En el lecho reposaba una de las mentes más brillantes de su siglo.  Y mientras su claro cabello volvía a ser atado y adornado con su lujoso tocado, propio de su posición de condesa, sonreía mientras recordaba esa primera vez en la que se conocieron.

?????????????????????????????En aquel entonces era solo una joven con pensamientos llenos de matemáticas y metafísica. En esa ocasión, para él, ella era sólo la hija del acaudalado primo del anfitrión. Aunque a sus 15 años, ciertamente, los ojos de él fueron robados durante esa fiesta de Primavera, en el castillo Sully-sur- Loire.  Emilie supo que era el momento para mostrar, además de su incomparable inteligencia  e ingenio, una gran capacidad para la representación teatral y su encantadora voz.

Quién diría que aquellas charlas con Francois, después conocido como Voltaire,   sobre la literatura de moda, y algunas discusiones filosóficas, terminarían en apasionantes besos y encuentros sexuales secretos. Quizá la búsqueda por la pasión que sacrificó con su matrimonio  o  aquella atracción de su mente brillante por otra que le suponía un reto intelectual, como lo representaba el poder combinar sexo y conocimiento con el brillante Voltaire.

Con tedio y costumbre recordó, por unos breves segundos, el momento en el que le comunicaron la decisión de sus padres. Era el momento en el que se encontraba extremadamente concentrada en su formación en geometría y álgebra. Para una mujer nacida en 1706, como ella, era impensable este tipo de formación. Pero la posición en la corte como introductor de embajadores de la corte francesa, eso no era un impedimento, sino la oportunidad de ser instruida por los mejores físicos y matemáticos de la época tales como Maupertuis.

Sin embargo, un día su padres decidieron hablar con ella y comunicarle que su matrimonio ya estaba arreglado. El elegido era el marqués-conde du Chatelet, hijo del gobernador de la Borgoña. Emilie no tuvo que pensarlo mucho, podía formar parte de una acaudalada familia, con una gran cantidad de gente conocida y muy bien relacionado. Si optaba por casarse con alguien de menor estatus sus estudios peligrarían las mujeres no estudiaban en aquella época, así que sin dudarlo, a sus 19 años,  aceptó el matrimonio.

Marquise_du_Châtelet_par_LargillièreA veces Emilie se preguntaba qué era lo que la tenía, de nueva cuenta, amando a Voltiere cuando su marido  estaba en casa. La verdad era que el conde de Chatelet siempre había sido muy cortés, gentil y amable. Y  al descubrir que su mujer tenía una mente intelectualmente superior, decidió apoyarla, defenderla y darle completa libertad.

 Pero nunca cambiaría esas palabras con las que Voltiere se dirigía a ella, “divina” “sublime”, por el apoyo de  aquel conde con el que llevaba casi 9 años de casada… Voltiere se levanta del lecho, interrumpiendo los recuerdos de Emilie du Chatelet. Mientras ella se despide, prometiendo su regreso, pero en ésta ocasión, para vivir con él

El castillo siempre fue el lugar para estos encuentros, originalmente  fue el refugio ella le ofreció a Voltiere, y también el sitio perfecto para ver a su amante  El sitio estaba escondido y rodeado de naturaleza.

Al poco tiempo Emilie llegó cargada de baúles, libros, instrumentos de laboratorio, y feliz de crear un paraíso en el castillo que el marqués de Chatelet, su marido, había heredado de su padre.

Durante esos años el amor y el estudio se conjugaron. Y las tardes de discusiones sobre poesía, drama, historia, filosofía, matemáticas y metafísica, eran alegradas con la cantidad de intelectuales y científicos más brillantes de la época.

 Tres años después el fruto de los años de discusiones en el palacio le dieron a Emilie su primera reseña publicada, impensable para una mujer en aquella época. Mientras su amor por Voltiere le dio su dedicatoria en el libro de Voltiere (Elementos de la Filosofía de Newton) que decía “Epístola dedicada a Mme. La Marquesa de Chatellet”. Ambos textos dejando ver el apoyo de la marquesa por las ideas newtonianas, además de demostrar que, como mujer, era capaz de pensar con criterio e inteligencia.

MV5BMjEyNDMwNDU1OF5BMl5BanBnXkFtZTcwODcxODg0Ng@@._V1._SX640_SY496_Emilie  nunca pudo adoptar su papel de mujer sumisa, nunca fue la esposa de Voltaire ni del marqués de Chatterley , sino su compañera intelectual . De la misma manera que nunca pudo aceptar el pensamiento racional como el único, para ella el universo se explicaba con el “buen uso del espíritu” y buscó una mezcla entre la física de Newton y la metafísica.

Ese fue  el momento en el que las ideas de la marquesa y Voltiere se enfrentaban. Emilie vio que era capaz de pensar, escribir y tener ideas diferentes a las de su amante. Cambiando la pasión y admiración de Voltiere por espanto, sorpresa y desprecio por aquella con la  que compartía las sábanas.

Y así, aquel rostro ya no se volvió a peinar frente al espejo  después de conquistar el cuerpo de su amante. Voltiere ya no reposaba la pasión entre sis sabanas ni se volvió a oír un “divina” salido de los labios de él. Sus ideas intelectuales separaron, finalmente, a los amantes.

Al mismo tiempo, Emilie se enamoró de un militar, joven y poeta.  Relación que le causó la muerte de la marquesa Emilie du Chatelet a los 42 años, al fallecer teniendo al hijo del militar. Marcando el final de una mujer que se atrevió a pensar por sí sola.

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