Tú, detonador inmoral

Ana Lilia Chávez Maturano

Tratamos de ser la mejor versión de cada uno para ser feliz, con el otro. Prometimos todo lo que sentimos. Nos dijimos tantas mentiras, todas verdaderas, un montón de “te amo” y un sinfín de planes que nunca se realizarán, nada era verdad, pero jamás nos mentimos.

Te quise con un amor mesurado, dulce, con ternura y paciencia. Te quise con tranquilidad y control, con un amor  ajeno a mí, distinto a ti, tan diferente a ambos que terminó por terminarse. Se acabó como acaba todo lo real, así de un tajo, sin el guión de una despedida anticipada, sin drama ni dolor, con la sinceridad de un adiós. Se consumió el amor que habíamos inventado, nos quedó el cuerpo que ya se nos había dado, el que hierve impaciente, que se deja llevar por el impulso sin pensar y sólo actúa cuando siente, el que es igual a ti y a mí.

Sólo eso queda, el momento en que cubres cada palmo de mi piel con tu aliento, cuando se me agolpan todos los sentidos en los labios y no sé más que devorar tu cuerpo. Se borra el pasado y no me importa el fututo, únicamente tengo el instante en que te tengo, no deseo más que tu deseo, no necesito sino tus manos en mi espalda y el palpitar de tus latidos en mi pecho. La corriente de fuego que recorre tu cuerpo y me incendia, no me queda más que la marca de tus besos en mis labios y la de tus dientes en mi cuello.detonador.

Contigo se me acaban los escrúpulos y la decencia, se me acaba el mundo donde empiezas tú, se me olvida el qué dirán y el qué diré, llegas y detonas mi lado inmoral. De un lado de mi cabeza tengo la conciencia moral, esa capacidad exclusivamente humana que nos hace distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo. La que es capaz de juzgar nuestros propios actos, nos permite saber íntimamente si actuamos bien o no, produciendo sentimientos de satisfacción o remordimientos y  nos hace sentirnos responsables de las consecuencias de nuestras acciones.

Ciencias como la Psicología tienen por seguro la existencia de la conciencia moral pero discrepan en su origen. Para los naturalistas la conciencia moral forma parte de la propia naturaleza racional humana, nacemos ya, con ciertas inclinaciones hacia lo bueno o lo malo. Para los convencionalistas la conciencia moral se va formando poco a poco, a lo largo de la vida, como resultado del medio sociocultural en general.

Mi postura es que eres tú quien define mi conciencia, porque del otro lado de mi cabeza tengo tu respiración agitada apoderándose de mi oído y entonces mi moral es la de tu cuerpo, mis valores los crean tus manos, mis normas sociales las dicta tu boca y no recuerdo más reglas que las que orquesta el vaivén de tu cuerpo.

No hay mañana, no hay nosotros, no hay nada entre tú y yo. No nos queda ni pasado porque lo borramos con pláticas de nuevos amores, de ilusiones rosas, de entusiasmos renovados. No espero más que un instante en tus brazos, no te ofrezco más que mis labios y luego, un silencio sepulcral. No quiero que lo pienses, que me pienses y lo recuerdes, sólo somos un cuerpo amigo del otro que tal vez un día se vuelvan a encontrar.

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