Paseo del recuerdo

Por Jonathan González

Las manecillas marcan las 7:30, la oscuridad comienza a invadir, poco a poco, dando paso al manto estelar.  Camino por esta calle , sin rumbo aparente ,observando los detalles de las fachadas de los emblemáticos edificios en el centro histórico de la ciudad de México.

perfume3La lluvia comienza a enmarcar esta caminata nocturna  (me encuentro en uno de esos momentos donde todo parece ser parte de una coreografía planeada y medida a la perfección) los elementos idóneos de una escena teatral se conjugan, personas caminan a prisa para tratar de cubrirse de la lluvia, otros se limitan a sacar la sombrilla yo me dispongo a disfrutar de este momento, sintiendo el choque de las gotas en mi rostro.

Dado que la lluvia impide seguir la caminata, me detengo en un sito atraído por el delicioso olor a café.

     El carácter principal de las imágenes del olfato es el ser una cosa intermedia entre las del gusto o el tacto y las de la vista y el sonido. Es decir, tienen algo de la vaguedad de las primeras y algo de la riqueza y variedad de los segundos.

 Estéticamente, también ocupan un lugar intermedio pero de menor utilidad práctica que los otros. Nos procuran una cantidad enorme de pequeñas sensaciones, de poca utilidad práctica en sí, pero que se asocian de tal modo a la realidad de la vida que al fin  adquieren un significado emotivo, a veces muy considerable.

perfume2Pido una taza de café y me dispongo a observar la postal urbana (analizo cada elemento que compone este cuadro nocturno)

De pronto un olor invade mi olfato, un perfume llega de pronto y me golpea de una manera grata. Se que lo conozco de algún lugar, trato de recordar y entrelazar todo en busca de un resultado. Por lo pronto identifico que esta esencia proviene del cuello de una mujer que acaba de llegar y se sienta en la mesa detrás de mí.

 Mi mente trabaja a marchas forzadas descifrando el resultado de dicho perfume. Un olor imperceptible puede en un instante sernos agradable y desagradable, según sea el momento emocional que resulte de su recuerdo.

 perfume1 De modo que nuestra experiencia olfatoria constituye una serie más o menos continua de sensaciones secundarias que nos acompañan toda la vida y que, si bien no tienen un gran significado práctico, encierran por su variedad, su intimidad, su facilidad emocional y sus reverberaciones remotas en nuestro cerebro un significado emotivo de bastante trascendencia.

Por fin llega un resultado, esa esencia pertenecía a una chica que me gustaba en la preparatoria.  Las imágenes llegan a mi mente, y comienzo a vivir todo, palmo a palmo, acompañado de esta abrasadora tasa de café. La película del recuerdo se apodera del momento, el éxtasis llega poco a poco…

Hasta que una voz me despierta del letargo (es la mesera que me pregunta si quiero más café) Noto que la chica de la mesa se ha ido, dejándome solo el agradecimiento por el momento arrebatador, tan lleno de bellos recuerdos.

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