De vuelta a mí

Por Ana Lilia Chávez Maturano

Imagina que tienes un barco. Para mantenerlo en funcionamiento debes cambiarle las tablas y demás piezas, cada cierto tiempo. Luego de algunos años habrás cambiado una a una las piezas, entonces ¿sigue siendo el mismo barco, o es otro? Esta pregunta se la hicieron los filósofos hace siglos, dando lugar a la Paradoja de Teseo.

Pero no es  necesario pensar en un objeto ficticio, cada persona es su propio barco que la naturaleza reconstruye día a día. Estudios muestran que el cuerpo reemplaza el 98% de todos sus átomos en menos de un año. El cuerpo hace un nuevo recubrimiento del estómago cada cinco días, una nueva piel una vez al mes, un nuevo hígado cada seis semanas, y un nuevo esqueleto cada tres meses. Somos, un contante cambio, entonces ¿soy la de hoy o la de hace unos meses?

Algunos hablan de ciclos de tiempo bien definidos. Sostienen que cada siete años se da un giro total a la personalidad, gustos, costumbres, ideales. No hay pruebas científicas de este hecho, y ha quedado más como un mito marcado por el misterio del número siete. No confío en estos ciclos mágicos porque me enseñaste que lo real se queda sin importar que se transforme lo demás.barco

Soy la de hoy, la que se rompió hace unos años y tuvo que armarse de piezas nuevas. Las piezas que ayudaste a colocar una a una en su lugar, la que aprendió a soltar carcajadas sin importar quien mirara. Soy la que te quería a los 14 años y sonreía nerviosa cuando tomabas su mano, a la que a los 21 le mostraste que la vergüenza estorba cuando la libertad llega con un beso de alcohol.

Soy el mismo barco que casi se hundía por guardar cada recuerdo pero que decidió lanzar todo al mar y navegar en la dirección opuesta, la que me llevó a ti. Tú que estabas ahí para hacerme mirarte diferente, con la sonrisa que no se va y la mirada que persiste.

Es el cambio lo que me mantiene andando, era necesario dejar caer las viejas ataduras, los dolores encarnados, las decepciones enraizadas, las culpas y desilusiones añejadas. Decirle adiós al dolor y la represión para dejar a la esencia volver, para recibir nuevos huéspedes y crear historias diferentes, para volver a ser yo.

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