¡Y que llega la histeria colectiva!,

Por Jorge Armando Romo

El 5 de septiembre de 2012, una serie de rumores pusieron a temblar al oriente de la ciudad de México (específicamente, municipios del Estado de México como Nezahualcóyotl, Chimalhuacán y la Paz) en los que se aseguraba que un grupo de supuestos sicarios se encontraban disparando en contra de distintos comercios. El rumor se derivó a partir del enfrentamiento entre antorchistas y moto taxistas del PRD en la unidad habitacional Galaxia Los Reyes, conflicto que dejó como saldo un muerto y 30 heridos.

 pf-4067120905_enfrentamiento_dd4-m A lo largo de aquel día y el siguiente, elementos de la policía de dichos municipios así como reporteros de distintos medios informaron que no había ni un solo grupo de los sicarios asesinos. Pese a ello, las centenas de llamadas a los cuerpos policiacos y a los medios masivos de comunicación continuaron. ¿Qué fue lo que sucedió en aquellos días que tuvo prácticamente cerrados a la gran mayoría de locales comerciales? Parece ser que se trató de un episodio de histeria colectiva.

   La histeria colectiva, o comportamiento obsesivo colectivo, aparece, por lo regular, cuando una o más personas presenta los mismos síntomas de alguna enfermedad, para después encontrarnos con decenas de casos en los que se asegura tener los mismos síntomas. De la misma manera, el rumor sobre un supuesto peligro que ronda en las calles puede provocar que todo mundo entre en pánico o reafirme lo que se ha dicho.

   ¿Por qué la población, en su mayoría mexiquense, se creyó lo de los sicarios que atacaban locales comerciales? Una explicación puede ser que la población en general está saturada de información sobre la lucha contra el crimen organizado, las ejecuciones, las extorsiones, los secuestros, etc.

Pero hay un caso de histeria colectiva que se ha vuelto todo un clásico para los amantes del cine.

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El 30 de octubre de 1938, una emisión radiofónica transformaría para siempre la vida de un joven y lo lanzaría al estrellato cinematográfico. En aquel año, Orson Welles, joven promesa de la actuación, interpretaba diversas obras clásicas de la literatura en una estación de radio de la cadena estadounidense CBS. El programa Mercury Theather llevaba a cabo interpretaciones de obras como Drácula, El Conde de Montecristo, Los Miserables, etc. En aquel día, Welles se preparó para interpretar el clásico La Guerra de los Mundos, del escritor británico H. G. Wells.

 Como cada emisión, Welles dio la introducción al programa radiofónico para posteriormente comenzar con la representación. Básicamente, el guión consistió en el reporte sobre varias explosiones detectadas en el planeta Marte y la llegada de aparatos marcianos que destruían todo a su paso a partir del uso de gases venenosos. Para sorpresa de muchos, se desató toda una histeria colectiva en la costa este de los Estados Unidos (particularmente, en Nueva York y Nueva Jersey, ciudades en las que se narraba que habían aterrizado los marcianos): la gran mayoría de radioescuchas no escucharon el final de la obra y muchos no se enteraron sino hasta después de que se trataba de una representación radiofónica.

  ¿Por qué la población norteamericana de aquella época cayó en las redes de la histeria colectiva? Hay que aclarar que el programa de Welles no estaba teniendo el suficiente raiting, por lo que era necesario representar una obra que pudiera atraer mayor audiencia. Asimismo, la gran mayoría del auditorio se encontraba, una vez que Welles inició su programa y anunció que todo era ficticio, escuchando un programa de variedades llamado El Show de Charly McCarthy. Se cuenta que el invitado en aquella ocasión era un músico un tanto desconocido y sin mucho talento, por lo que la gente cambió de estación y sintonizó el programa de Welles justo cuando el reporte de la supuesta invasión se llevaba a cabo.

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   Los resultados son conocidos por todos: saturación de llamadas a la policía, al ejército y a los medios de comunicación de la época; gritos despavoridos en las calles; incluso reportes de gente que afirmaba haber visto a los marcianos. Al día siguiente, Welles tuvo que disculparse, pero su representación llamó la atención de los grandes productores de cine de finales de la década de los 30, asunto que terminó en varios contratos para dirigir algunas películas que hoy son clásicas.

Como seres pensantes y emocionales, la histeria colectiva puede desatarse en cualquier momento. Ante un episodio en el que uno o más individuos sufren alguna patología o afirman que un peligro inminente aunque invisible y sorprendente está a la vuelta de la esquina, lo mejor que podemos hacer es conservar la calma y estar atentos por si se trata de algún rumor que se ha dispersado a la velocidad de la luz.

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