¿Drogas? No gracias, tengo Facebook y Twitter.

Por Gabriela Ledesma

Pasa un minuto, dos, tres… Y el celular no suena. ¿Por qué no contesta el mensaje? Seguro no le importa o tal vez no tiene saldo. No, espera. ¡Siempre tiene saldo! ¿Y si no me quiere contestar? ¿Estará con alguien? No, lo más probable es que aún no lo haya visto. ¡¿Pero por qué tarda tanto?!

¿Te ha pasado? ¿Has sentido desesperación porque no te contestan un mensaje rápido? O peor aún, un Whatsapp. Ya viste las mentadas palomitas de “leído” y bueno, la respuesta brilla por su ausencia.  Pareciera que el tiempo que tardan en contestar es proporcional al cariño o la importancia que te tienen. Los minutos se hacen eternos y durante ese tiempo pasan por tu mente miles de pensamientos, los cuales, generalmente son negativos y te frustras pero, ¿te has puesto a pensar qué ocurría cuándo no existían los mensajes y se comunicaban por medio de cartas?

Regularmente una carta tardaba días en llegar o incluso meses. Las personas esperaban con ansias tener entre sus manos ese trozo de papel que algunos, los más románticos, hasta perfumaban. Tenían especial cuidado en las palabras que utilizaban  porque cada una de ellas plasmaba un sentimiento y tenían la magia de acercar al remitente con el destinatario. El saber que cada letra era pensando en ti era motivo suficiente para atesorar todos y cada uno de los sobres que llegaban a tu correo, sin importar el tiempo que demorara. adictos_al_facebook_240

Es verdad, muchas veces el esperar tanto no siempre era lo mejor, había cartas que necesitaban urgentemente una respuesta o simplemente se perdían y no llegaban a su destino. Las comunicaciones evolucionaron y sí, la llegada de los celulares, el correo electrónico y ahora, las redes sociales nos facilitan mucho el contacto con los demás pero ¿Qué tanto nos perjudican?

“El uso y abuso de éstas provocan emociones incontrolables, restricción del almacenamiento de información, capacidad limitada para tomar decisiones y otros tipos de conducta sin control.” Buena definición ¿no? Pero ¿qué crees? Se refiere a las drogas. ¿Coincidencia? No lo creo, la verdad es que describe perfectamente el cómo nos sentimos cuando usamos Facebook o Twitter.

Al consumir drogas, alteras tu organismo, produciendo daños como en el hipotálamo. El cuál, con el abuso de éstas, se estimula provocando intensa euforia que después pasa a una profunda depresión. Similar a cuando ves un estado en Facebook, te emocionas, juras que es para ti y resulta que otra u otro fue quien inspiró a escribirlo.

En la corteza cerebral se encuentra el área de sensaciones temporales, implicada en los procesos de aprendizaje y memoria. El área de sensación frontal que está relacionada con el uso de las drogas es la primera en ser afectada por el alcohol y otras drogas depresivas, suprimiendo así las inhibiciones sociales. ¿No te suena familiar? Es mucho más fácil hablar con alguien cuando ya has tomado una o dos cervecitas y es más sencillo decir “hola” por el chat que decirlo de frente. ¿Triste e impersonal no crees?

Seguramente cuando se trata de ir a beber o ir por un “toque”, no te faltan amigos, al contrario, sobran. Pero siendo sinceros, cuando necesitas ayuda o un buen consejo, ¿cuántos de tus miles de “followers” o amigos comparten o “retwittean” su apoyo?

¿Te parece si seguimos con las coincidencias? “Ser químicamente dependiente de la marihuana significa que se sienten antojos y se tiene que usar cada vez más para obtener el mismo efecto. Puede tener síntomas de abstinencia como depresión, dificultad para dormir o náusea cuando dejas de usarla. Puesto que la marihuana es mucho más fuerte ahora que lo que solía ser, las personas tienen una probabilidad mayor de abusar de ella y de hacerse dependiente de ella en comparación con la probabilidad que tenían antes.” Ponte a pensar la cantidad de veces que tecleas lo que está ocurriendo, lo que piensas o sientes al día. Puede que no escribas nada pero sí estas al pendiente de lo que hac5en tus contactos o las últimas fotos que subieron.

Las personas que se drogan suelen ser paranoicas, sienten que todo el mundo está en su contra y se pierde la noción del tiempo. Es como decir que todas las indirectas de Twitter son para ti, las sientes tan personales que comienzas a odiar a esa persona o simplemente te pones a llorar.

Los daños no son únicamente biológicos, ya que también afectan tu rendimiento en el trabajo, la escuela, tus relaciones personales y pierdes interés en realizar otras actividades. Puedes pasar horas frente al monitor olvidándote del exterior, o pegado a un celular ignorando una buena charla con café y galletas.

Las nuevas alternativas de comunicación son eficientes y útiles, pero debemos aprender a usarlas. No es que exista un manual, pero sí debemos ponernos límites y no olvidar que se crearon para agilizar la comunicación, no para romper lazos. Necesitamos tener siempre presente que un mensaje, un whatsapp, un twitter o el chat no se pueden comparar nunca con una conversación. Con el placer de leer una carta escrita y dirigida únicamente para ti, que siempre es mejor ver las reacciones en el rostro de la persona cuando hablas con ella y comprender que una sonrisa te llena más que un “jajaja”.

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