La aventura de ser rey mago

Por Graciela Sánchez.

Fotografía original de Roberto Medina y Pedro Zeha

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Es noche de reyes. La Navidad ha terminado y la esperanza de que Santa trajera los regalos que uno quiere, ha desaparecido. Sin embargo aún queda un pequeño grano de esperanza, que es depositado en 3 particulares personajes. De ellos depende la popularidad escolar del niño en cuestión.

620720_149005771906647_923727725_oAhora, a mis veinti… años he visto que el papel de los infantes en este proceso es realmente sencillo, pese a que son los que obtienen todos los beneficios.         El papel del infante en este ritual es de arrepentirse de sus actos negativos, buscar su zapato más decente e irse a dormir temprano.

Al otro día deben despertar a las horas más inhumanas posibles, que casi siempre son las 5 de la mañana, recoger sus regalos y salir a presumirles a conocidos y desconocidos. No tienen idea de cómo llegaron hasta ahí. Hay juguetes gratis y eso es lo que importa.

Pero para todos aquellos que hemos tenido que ponernos las coronas y los atuendos árabes, y salir de compras, la cosa es muy diferente.

Este año a mí me tocó vestirme de Melchor ( no soy tan morena como Baltazar y Gaspar ya se veía un poco traqueteado). Y como buena mexicana, decidí que las compras al último momento eran lo más viable.

El instinto maternal, y el recién descubierto instinto paternal, nos convierte esos días en las más salvajes criaturas de las calles. Uno creería que solo las mujeres tenemos el instinto de cuidar y proveer por sobre todas las tiendas y precios, a nuestras crías.

Pero unos biólogos descubrieron que los hombres adornan las calles en estas fechas, pero no por mandato de la esposa. Sino porque, al nacer su hijo, bajan sus niveles de testosterona, lo cuál activa los genes de su cuerpo que los impulsa a cuidar y proteger a sus crías. Y eso incluye el evitar que los niños de la escuela no lo discriminen por no tener el juguete de moda

Después de atravesar tiendas, pelearme por las últimas piezas con hombres y mujeres , ser golpeada por bolsas inmensas y ver qué tan rápido puede llegar a esfumarse tanto dinero, lo conseguí. En mi bolsa de tamaño descomunal, brillaban al fin, los regalos que se supone, habían sido traídos en camello, elefante y caballo . Aunque la verdad, los transporté en tren subterráneo.

 Y resulta que a los tres días de haber pasado el día de reyes, los juguetes por los que casi nos cuesta la integridad física, están tirados en una esquina de la casa sin pilas y, quizá, sin algúna pieza.

Son contadas las ocasiones en las que nuestro regalo llega a permanecer durante muchos años, aunque cada año seguimos repitiendo este ritual pero ¿porqué seguimos regalando?

El origen de los regalos es el miedo. Pues antes se hacían regalos a los pueblos conquistadores para evitar su ira. O también se les ofrecía a las poderosas fuerzas sobrenaturales para que no descagaran su ira con él.

A mí, en lo particular, me suena lógico que regalemos a los niños pro miedo, Y es que hay cada demonio… Aunque debo aceptar que también hay niños increíblemente adorables, así que acepto que los motivos de los regalos han cambiado.

664996_503417366365242_1243400626_oMuchos regalamos porque queremos agradecer algún favor, que no necesariamente es un objeto. Otros regalamos porque esos objetos que damos nos reuerdan alguna característica o comportamiento del receptor. A mi seguido me regalan separadores de libros, porque saben que me encanta leer.

Algunos regalos los damos porque estamos tratando de mandarle un mensaje a la persona que va a recibir el regalo. Como los que regalan flores cuando han llegado 2 horas tarde a la cita

Pero la mayoría regalamos porque eso nos permite ser recordados, y porque un regalo une fuertemente a la persona que lo da con la persona que lo reciba.

Nosotros los “reyes magos” decimos que les damos a los niños obsequios para que recuerden su infancia con alegría. Pero también sabemos que, algún día, esos niños van a crecer. Van a descubrir que esos reyes magos tenían nombre, apellido.

Y cuando esos niños crezcamos, y veamos hacia atrás, ya no vamos a recordar si eran reyes o magos. Quizá no vamos a recordar los juguetes, ni si las baterías venían incluidas,  En nuestra adulta cabeza ya no van a existir 3 sujetos con brillantes túnicas de satín, sino 2 padres con los pies cansados, pero la sonrisa enorme.

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