El caminar de los muertos

Por Graciela Sánchez

Al entrar al cuarto, un dulce aroma penetra por mi nariz. Sonriendo, lo percibo, mientras adivino que es esa resina de  árbol, que insiste en llamarse copal, quemándose en un negro recipiente.

Es media noche, pero este cuarto parece no  saberlo. Trece mechas de cera animal quemándose, forman estas veladoras. Mientras el sonido de las flamas agitándose  y calentando el vaso que las contienen, rompen ligeramente este silencio. Hay una para el abuelo, la otra para el tío… la última para las almas que no tienen perro que les ladre.

Hay quienes dicen que son días de nostalgia. La verdad, nunca he entendido porque

Aquí reinan los colores, la muerte baila y canta desde los azules y morados colores del papel picado. Los vicios decoran la mesa, antes temíamos morir por consumirlos en exceso. Ahora ¿qué más puede pasar?

Un poco de sal no falta, dicen que purifica; Otros dicen que conduce electricidad. Hay quienes la usan como refrigerante y dicen que retarda la descomposición de los alimentos.Pero por aquí nos ayuda para que no se nos aparezcan los difuntos del mal. Ni muerto se escapa uno de los malandrines.

Al frente está el GPS para difuntos. Los anaranjados pétalos indican el corto camino a los alimentos, y blancos dulces, hechos de caña de azúcar nos observan desde sus vacías cuencas. Están adornadas con rosas, grecas y hasta cejas. ¿Acaso por acá sí sabrán que el pelo es lo último que se descompone en la tumba? ¿Sabrán que es un polímero, como el plástico? Seguro alguien corrió el chisme, ya no se puede confiar ni en los muertos

En algunos países la muerte es inombrable, dicen que trae la mala suerte. ¡Qué bueno que en México no es así! Aquí sabemos que no se puede estar muerto sin haber estado vivo ( y viceversa). Los biólogos dicen que uno se muere cuando las células dejan de funcionar y, por tanto, las funciones vitales dejan de realizarse. Pero, también admiten que es una gran idea creer que en estos días regresan los muertos a compartir la mesa. Se me hace que les encanta la idea de poder darle de comer a Darwin

Al fondo escucho una discusión. ¡Ay, otra vez la burra al trigo! Cada año se ponen a pelear por sí es mejor el día de muertos contra el Halloween. Y es que parece que mi país se niega a adoptar costumbres  gringas.

Se habrán enterado de lo del pelo, pero nadie les ha contado que disfrazarse y vestirse de monstruo no es gringo, es celta. De allá de la tierra de las hadas y el dios del Trueno, Irlanda. Además, este día es resultado de esos españoles que vieron que había belleza para dar y aventar en México.

Ese mestizaje, nos hizo morenitos. Pero también mezcló la cultura indígena de cráneos y sacrificios, con rezos y ofrendas ( y también alguno que otro santo). Es más, hasta en las calaveritas literarias se ve ésta mezcla ¿Alguien sabe decir “estaba la Catrina” en nahuatl?

Pero no voy a hacer más corajes, ya no hay tiempo. Debo sacar de aquí mis 21 gramos que dicen que peso. (Que porque todos los muertos pesan 21 gramos menos). La noche ha terminado, también el día de los difuntos. Me despido nuevamente de mi familia e inicio mi regreso, en este caminar de los muertos.

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