Historia de un corazón roto ( que se resanó)

Basado en el testimonio de un lector de NETA!

Por Graciela Sánchez

Al verlo subir en aquel avión, no pude dejar de soltar una risilla.  Si los productores de las películas románticas hubieran estado presentes,  seguro nos hubieran cobrado por plagiarnos la escena. En aquel momento todo parecía perfecto. Él era el amor de mi vida, a su lado yo era una mejor persona.

Muchas veces en mi vida había buscado hombres que me hicieran sentir amada y aceptada. Pero siempre parecía haber algo malo en mí, pues al final, me abandonaban pues decían necesitar “algo mejor”

Estaba segura que algo no funcionaba en mi. Quizá era mi cabello, o mi ropa. Podría ser también esa risa tan sonora que mi padre odiaba y siempre me pedía no volver a repetirla. Siempre supe que era diferente al resto de las niñas.

Besé miles de sapos, esperando me regalaran un trozito de su corazón. Pero hasta antes de él, siempre se quedaban así, como sapos.

Pero un día, ante mis ojos aparecía un fuerte príncipe que junto conmigo, vivía mis alegrías y lloraba conmigo mis penas. Me hizo sentir hermosa y perfecta. Y yo me convertí en su apoyo incondicional, como los mosqueteros, todos para uno y uno para todos.

Pero él, a mi parecer, egoistamente, había decidido irse de viaje para seguir con su vida (¿Acaso no había Universidades aquí también?) Sin embargo, el amor de mi vida podría irse para siempre, así que accedí esperarlo, a pesar de que aún no sabía si era o no mi novio. Realmente nunca lo habíamos definido.

Honestamente, no me importaba. Había encontrado a quien me hacía mejor persona. Y sin importar si tenía que dejar mi vida de lado, yo estaría con él para siempre ( porque ¿donde iba a encontrar  a alguien que me quisiera así?)

Después de  cierto tiempo, algo empezaba a fallar. ¿Será que al guionista de mi vida se le había ocurrido hacer la historia más interesante? En la página de facebook de mi no novio empezaron a aparecer comentarios y fotos que me hacían sentir intranquila.

Tenía un mal presentimiento. Esos comentarios, definitivamente, no eran de amigos, y lo peor, tampoco eran míos. Al enfrentarlo él no pudo negarlo y´aceptó estar saliendo con algunas chicas, allá, en las remotas tierras en donde estaba.

Me dijo que sentía tener derecho, nunca habíamos establecido cuál era nuestra relación y yo no  podía reclamar. Más a fuerza que de ganas decidí aceptar sus argumentos, y realmente me convencí de que yo era quien estaba mal.

Pasamos mucho tiempo así, hasta que me di cuenta que no podía volver a confiar en él y decidi borrarlo de mi vida.

Durante un tiempo estuve deprimida. Ya nadie me iba a volver a querer, eso era lógico. Las personas me hacían halagos y cumplidos, pero los rechazaba ¿porqué se empeñaban en mentirme?

Esperaba que un día, mágicamente, apareciera él con un ramo de rosas a mi puerta pidiéndome ser su novia eterna. Y  no dejaba de preguntarle a la vida ¿qué había hecho yo para no ser digna dela felicidad? ¿Porqué era yo una víctima y no una heroína?

Con el tiempo conocí a un chico por internet. Era perfecto. Con la única excepción de que él no quería tener una relación exclusiva. Me costó trabajo aceptar esto, la verdad, siempre me cuesta trabajo tomar decisiones. Pero él vino a resolverme la vida, decidía todo por mí y eso me dejaba más tiempo libre para ayudarlo a vivir  su vida.

Finalmente, quizá en un momento de iluminación; él decidió que si era exclusivo , me dijo que ya tenía novia y, además, ya estaban comprometidos. Pasé muchos  años odiándolo  pero me odié más a mí. Amigos y conocidos escucharon una y otra  vez mis quejas y penas, hasta que se cansaron.

Una de mis amistades más cercanas se hartó y me gritó y escupió en mi cara lo que tenía “Codependencia” Y ahí lo entendí todo. Al parecer, una persona codependiente, como yo, vivió con personas violentas,  neuróticas, adictas al alcohol o alguna otra droga, o sólo personas controladoras.

Me dijo también que yo, como codependiente, era incapaz de tomar decisiones. Buscaba desesperadamente amor y desaprobación. Sentirse diferente a los demás, y ¡por si fuera poco! Odiarme por quien era y como me veía, siempre sentía que no era suficiente par nadie.

Obviamente dejé de hablarle a esta persona ¿Cómo se atrevía? Para mí, las personas codependientes eran locas con baja autoestima. ¡Antes muerta que codependiente!

Pero la verdad es que sí, lo era, y me costó mucho trabajo aceptarlo. La percepción que tenía de mí misma era de una basura pisada por una basura más grande. Con lo que nunca iba a conseguir ser feliz, ni con pareja ni sin ella. Por el simple hecho de que no aceptaba quien soy yo

Inventaba  excusas para no salir  de la relación, por miedo a enfrentarme   a los cambios  que esto implica. Con lo que recibá a cambio,  mal tato de parte de  mis  parejas, y yo  continuaba la relación

Decidí buscar ayuda. Esto es igual que el cigarro. Una enfermedad que no se deja sólo con la buena voluntad. Básicamente me enseñaron a enamorarme de mí misma, a madurar. Y sobre todo a entender que todo lo que pasaba en mi vida era mi responsabilidad y que era mi obligación decidir por y para mí.

Y ¿quién sabe? Quizá, algún dia, alguien quiera compartir mi vida. Pero si no, no importa. Ya vive dentro de mí el amor de mi vida.

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