Trabajo toda la vida, descanso hasta la muerte

Por López Lara David

Toda una semana de trabajo, algunos de escuela. Llegamos a viernes y lo primero que pensamos es en poder descansar. Nuestro cuerpo lo exige. Después de cinco o hasta siete días de trabajo intenso, nuestro cuerpo no resiste y comenzamos a reaccionar de diferentes maneras. Algunos se pelean con sus familiares , algunos otros comienzan conflictos de pareja, etcétera.

Empecé con un lunes de examen, le siguió un martes de ensayo y coreografía de Salsa. Un miércoles de trabajos y más tareas. Llegando a jueves con clases tediosas y nuevas coreografías de Bachata y un viernes donde mi cuerpo experimenta un agotamiento tan grande que, como dije, lo primero posible a pensar es en, bañarse y llegar a la cama para poder dormir.

Pero ¡oh sorpresa!, mi cuerpo no descansa. Mientras dormimos, no somos consientes del trabajo que nuestro cuerpo realiza. Y automáticamente creemos estar en otra zona astral mientras dormimos.

Mientras estamos en cama reposando, nuestro cuerpo no deja de funcionar, respiramos y eso conlleva a utilizar el sistema respiratorio. Hay quienes roncan en la noche, y eso de muestra (además de que la persona respira por la boca y no por la nariz), que el sistema respiratorio sigue en marcha.

También el sistema digestivo, aunque en menos escala pero sigue funcionando. Por esa razón algunos nutriólogos recomiendan no cenar en las noches antes de dormir, pues el metabolismo no funciona con regularidad y si consumimos alimentos en la noche, los nutrientes no los utilizamos al cien, si son lípidos o carbohidratos, el cuerpo los acumula y para quien quiere bajar de peso, en nada es favorable.

Lo siguiente es un proceso para algunos, maravilloso, para otros, atemorizante y ese es: el sueño. El sueño es una muestra más que el cuerpo no descansa, porque al soñar, nuestro cerebro junto con todos los otros sistemas, estimulan al cuerpo a generar esas sensaciones confortables. Y en algún momento de nuestro día, o la semana gozamos. Y cuando tenemos una pesadilla, las sensaciones cambian y aun así, nuestro cuerpo responde.

La protección de nuestro cuerpo, el sistema linfático, es con el cual el cuerpo se protege de organismo patógenos. Evitando  que por las noches, mientras dormimos, nos invadan y nos enfermen.

Aun así, no llegamos a la parte del cuerpo en la cual consideraremos como el motor, y sin ésta parte estaríamos fríos “patas pa arriba”: el corazón. Éste músculo apreciado por artistas, símbolo del “peace and love”, es el  encargado de seguir trabajando toda la vida. Es el órgano que bombea la sangre, combustible vital para que los demás sistemas (digestivo, respiratorio, linfático, etcétera), sigan en funcionamiento. El corazón es el único que nunca descansa, si lo hiciera, descansaríamos por la eternidad.

Entonces, despertamos. Creemos que hemos descansado después de una semana de constante movimiento y trabajo, pero ahora que somos consientes de cuantos sistemas en nuestro cuerpo siguen trabajando mientras dormimos, nuestra perspectiva puede cambiar, y tal vez no festejemos: ¡al fin podré descansar!

Y es mejor que así sea, a nadie le gusta estar “patas pa arriba”, “knock out de por vida”. La única forma de descansar sería, la muerte. Aunque después de morir formaremos parte de otro sistema el cual quizás nunca descanse y siga trabajando: la vida.

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