Carta de confesión de un chocolate

Por Graciela Sánchez

Sucede, querido lector, que existen pequeños pedazos de alegría comestibles. Suelen ser utilizados para conquistar los glotones corazones de las damas. Y también las damas los utilizan para superar el abandono de los jóvenes que, para empezar, llegaron con una caja de estos.

 En ocasiones evitan peleas , pues, aunque usted sea de aquellos olvidantes de fechas especiales; los encuentra a la venta en festividades y aniversarios.

 Si usted corre con suerte al comprar las tazitas rellanas de éstos, que sobra añadir , son las más económicas; encontrará en su interior 5 piezas envueltas en un coqueto papel dorado. Pero, si ha sido presa del ingenio del comerciante,  notará que bajo aquellas dos doradas envolturas, una burlona bola de papel llena el espacio que debieran haber ocupado sus trozitos de felicidad.

A veces se encuentran cosidas a la panza de algún afelpado y diabólico animal. Dispuestos a invadir y adornar camas y repisas, si usted así lo permite.

Usted  puede saberlo, en su interior hay  sustancias que liberan sensaciones de placer, llamadas dopaminas. Ellas permiten que, aunque usted encuentre detestable recibir una taza rellena de papel con dos raquiticas envolturas, o un atemorizante y peludo engendro con ojos movibles, al comerse el obscuro manjar, el coraje con el o la causante, es olvidado.

A veces son utilizados como arma blanca por viles vecinas envidiosas, o amigas menos agraciadas. Ven en ellos colesterol y grasas tapando las venas de sus inocentes víctimas. Mas debe usted saber que estos malignos intentos de invasión intravenosa son en vano. Las grasas,  que contienen son como el teflón de su sartén nuevo, pasan y se resbalan.

En ocasiones, hay personas, al menos eso dicen, que elaboran obscuros planes para utilizar a tan dulce alimento en la  estimulación sexual de  novios, amantes y quimeras. Pero terminan en el fracaso pues al comérselos, el cerebro de  los novios, amantes y quimeras liberan endorfinas, semejantes al acto sexual. Pero sin riesgo de embarazo. (Algunos cambian uno por otro, puede ser cualquiera de los dos)

Y así, el chocolate ha de resignarse, pues no sólo han olvidado que su origen fue mexicano. Han olvidado (¡malvados!) que sólo puede ser obtenido de una especie de árbol, y ¡Qué importa si el nombre sea rebuscado! Teobrohoma cacao hasta la muerte ha de ser llamado.

Pero ahora han decidido reivindicarlo, por eso, la oportunidad ha de aprovecharla. Ha de hacer su propia feria dentro de una feria. Y por eso, dentro de la Semana de la Ciencia y la Tecnología, del 23 al 29 de septiembre, ha de aferrarse en la plancha de Zócalo capitalino del D.F defendiendo su legado y su historia en la “Feria del Chocolate”

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