¿Sabes, amor?

Por Graciela Sánchez

Fotos originales de Juan Carlos Córdova

Esta mañana al despertar, noté que te habías ido, no importa pasé una noche maravillosa a tu lado. Nuestros cuerpos en fusión, sudor que humedece nuestra piel,  tus labios recorriendo cada centímetro de mi piel,  gracias amor.

¿Sabes, amor? hoy estoy preparando toda esa comida que te gusta, enchiladas verdes siguiendo al pie de la letra el recetario de la abuela y el secreto de la casa queso azul para el toque que las hace únicas, acompañadas por un café americano.

Foto original de Juan Carlos Córdova

Faltan unos cuantos minutos para que entres  por esa puerta. Espero impaciente que den las ocho de la noche para sentir de nuevo tus labios tibios dándose un festín recorriendo mis bordes.

Dos horas tarde.  Se te pudo haber descompuesto el coche. O ¿una amante? Lo dudo, tus ojos solo brillan ante el sonido de mi voz. Seguro tu pasión por tu trabajo me ha vencido de nuevo…

El sonido del teléfono me saca de mi letargo

-amor no podré llegar discúlpame surgió una junta de pronto, te veo mañana te mando un beso te quiero- resignada cuelgo el teléfono. No importa amor,  la comida puede esperar. Después de todo, ese es el precio por amar la perfección.

Hola amor ¿sabes?  hoy fui a una reunión con mis amigas. No pare de contarles de ti. Mientras ellas hacían preguntas a diestra. Si me hubieras visto, seguro te hubieras sentido orgulloso de mí. A  cada pregunta, una respuesta adecuada.

–          Y ¿por qué no vino el día de hoy?

–          Tiene un trabajo muy demandante en la oficina

–          ¿Cuánto tiempo llevan juntos?

–          Cinco años tres meses y quince días

–          ¿Cuándo se nos hará conocerlo?

–          La próxima reunión lo prometo

Noté un poco de duda en sus ojos, pero  no creo que hayan descubierto la verdad. A veces ni yo puedo saber donde terminan mis mentiras.

De regreso a casa compre un ramo de Rosas. No sabes cómo me hubiera gustado que tu llegaras con una de ellas tras la espalda. Pero de nuevo el trabajo, las juntas, las relaciones sociales en fin. No importa amor mañana será otro día.

¡Buenos días mi amor! De nuevo mi saludo rebota en el silencio. Esta noche, tu cuerpo no ha adornado mi colchón. Ya son dos semanas seguidas. Pero no me preocupa, tu ausencia me ayuda a valorarte.

Otra vez hubo reunión con mis amigas. Un cumpleaños o algo así, no lo sé, seguro un pretexto más para que te pudieran conocer.

Foto original de Juan Carlos Córdova
Editada por Graciela Sánchez

Ellas preguntaron por ti, en esta ocasión no pudiste asistir ya que mi suegra se encuentra enferma. O, la verdad, ya no recuerdo que pretexto di. Mis mentiras se entremezclan ya, unas con otras.  No importa amor, ellas sabrán comprender.

No entiendo a mis amigas; escuche que charlaban sobre mí cuando  estaba en el baño. Insistían que no creen nada de lo que digo. Malditas arpías ya no se qué hacer con esto, no sé por qué demonios no entienden.

A veces me pregunto cuánto más podré sostener esta fantasía. Y porque dudan de mi palabra. Solo mentí en tu existencia pero, ya estaba cansada de ser la solterona. Quería que tuvieran una mejor imagen de mí.

Antes de salir del baño han pronunciado algo grave. Han dicho que soy mitómana ¿Cómo se atreven a juzgarme? Han dicho  que desfiguro la idea que tengo sobre mí. Que oculto datos con mentiras. Y que, encima de todo, creo cada palabra que he dicho.

¿Qué han dicho? ¡Enferma! ¿Con principios de paranoia? Bien, mi mejor amiga ha dicho que la mitomanía no es un trastorno por sí solo pero… ¡Cómo se atreve! Ha dicho que sí es síntoma de que tengo un problema psicológico ¡Mentirosa patológica!

¡Increíble!

Han salido finalmente del baño. Tengo la furia contenida. Quiero gritarles que las oí. Quiero reclamarles por hablar a mis espaldas. Pero prefiero correr a casa sin despedirme.

La regadera no ha logrado llevarse sus dolorosas palabras. Voy a marcarte. Tú siempre tienes las palabras perfectas. Siempre me has sabido consolar. Saco mi teléfono. El número guardado tras el contacto de “amor” empieza a sonar.

Y tras dos timbres, empiezo a contarte de mi día. Mis tristezas van borrándose mientras escucho tu voz en mi cabeza. Y de fondo, escucho esa grabación que sale siempre que hablo contigo: “el número que usted marcó no existe”

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