Confesiones de una amante

Por Graciela Sánchez

fotos originales  de Roberto Medina

Cuando era niña me contaron una historia donde  eran dos. Me dijeron que algún día mi encanto y hermosura conquistarían al corazón de un joven y amable caballero. Este príncipe, por amor, sería capaz de ponerse en contra de todo, con tal de estar a mi lado.

Al oír estas historias en mi infancia, ansiosa y emocionada, me preguntaba como iba a saber que él era el adecuado. Ante lo cuál recibí un patético “Solo lo sabrás” por respuesta.

Ante esta incapacidad de no saber identificar ese amor verdadero que tanto me prometieron, besé sapos esperando sentir ese “algo” que me indicara el camino.

Por eso, cuando lo conocí y regresé después de esa cita con una sonrisa inmensa y flotando entre nubes sentí que, finalmente, lo había logrado. Pasé mucho tiempo viviendo mi historia de princesas. Pero el algún punto, en esa historia de dos, ahora éramos tres.

La separación era obvia y la historia debió de haber sido lineal. Yo debí de haber llorado, comer helado, secar las lágrimas y seguir buscando a quien más besar. Pero en algún punto mi príncipe regresaba, diciendo que no podría dejar a la nueva otra, pero tampoco podía estar sin mí.

En ese momento enfrenté el dilema de perder al amor de mi vida o compartirlo con su nueva princesa. Tomé la decisión que me iba a permitir seguir viéndolo todos los días, y así  me convertí en amante, o como se les dice ahora “amiga con derechos”

El cuento pareció restaurarse, salíamos, reíamos, nos besábamos, y asegurábamos querernos. Pero cada vez que la novia lo llamaba, tres cachetadas (metafóricas) me regresaban a mi lugar.

 Ante esas situaciones no queda más que quedarme callada y aguantar sin reclamar ya que, después de todo, así lo decidí. Él colgaba y comenzaba el eterno rosario acerca de todo lo que fallaba con su novia y su relación.

Entonces,  la amante se convertía en confesora. Escuchaba los problemas que tenía con ella, los lugares que visitaban, la historia familiar y las canciones que le dedicaba (que, por cierto, creía que solo “eran para mí”)

Lo mas sano era quitarme el disfraz de amante y convertirme en amiga. Más ese cambio, por más que lo intentaba, era imposible. Cada que él mencionaba su nombre y lo que había vivido, hacía que se me retorciera el estomago y me tuviera que encajar las uñas bajo la mesa, para no llorar.

Eran…celos Pero ¿porqué?. Yo no tenía derecho de sentirlos.

Los celos se sienten cuando   nuestro cerebro recibe amenazas que ponen en peligro las relaciones amorosas. Pero si de algo estaba segura era que,  lo que teníamos, definitivamente no era una relación.

No tenía derecho de sentir que lo perdía, porque básicamente, no era mío. Entonces ¿porqué sentía ese hueco en el estómago? ¿Porqué todos lo días lloraba hasta quedarme dormida, preguntándome que tenía ella que me faltaba a mí?

Si fuéramos solo dos, como en el cuento, esos sentimientos estarían justificados. Como pareja tendríamos una serie de reglas no escritas, pero donde la fidelidad sería la más importante.

Pero, al llegar a casa, él seguía empujándome cada vez que escuchaba el coche de sus papás. O seguía mandando mensajes que me pedía borrar para evitar sospechas, e incluso seguía diciendo que iba a ver a sus amigos, cuando íbamos a comer juntos.

En la historia, la princesa y el príncipe mostraban su amor, pero yo no podía besarlo en público, no podía tener fotos con él y mucho menos esperar que conviviera con mis amigos ¿qué tal que a alguien abriera la boca de más?

Era evidente que no me pertenecía, entonces ¿porqué lloraba cada vez que veía sus fotos con ella?

Siempre me decía que lo que sentía no era miedo, que en realidad yo no tenía mucho que perder. Sin embargo, no me daba cuenta  que de los tres,  era yo la que perdía en este juego. Esa sensación de inseguridad era la que me hacía sentir celos. Sabía que en cualquier momento él podría irse sin voltear a verme.

Quise culparlo por esa sensación de inseguridad. Culpé también a mis padres, a mis abuelos con su matrimonio perfecto y sus expectativas por cumplir. Más la cadena de culpas por este sentimiento tan desgastante es aún más antigua.

Mis celos tuvieron su origen en  los primeros humanos. En esa época la energía por encontrar pareja y heredar los genes era demasiada. Por lo que, en los hombres,  el miedo de cuidar hijos con genes ajenos era demasiado.

En las mujeres existían celos porque sabían que los hombres le darían más atención a la mujer que tuviera sus hijos, por lo que había que asegurarse de ser la única.

No dejé de quererlo, siempre he creído que nunca se deja de querer, aunque ya no espero que algún día una hada madrina lo ilumine y, él decida quedarse a mi lado

Dejé de creer en tiaras y castillos, en amores infinitos y finales felices. Si la parte del cuento en la que uno dejaba todo por amor era cierta, él no me amaba. Pero sí no, entonces habría que reescribir esas historias fantásticas y hacerlas  más apegadas a la realidad

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6 comentarios en “Confesiones de una amante

  1. Hola, me gusta la conclusión de tu texto, estoy de acuerdo en que hace falta conocer más sobre el amor romántico para no creer en los mitos que hay sobre él y que están muy lejos de la realidad, sería interesante conocer cómo se trabajan los celos en las culturas en las que hay poligamia, para no irnos más lejos cómo lo hacen los poliamorosos, porque es cierto que puede haber una tendencia a los celos que tiene que ver con la supervivencia de la especie, pero también está como mencionas la influencia psicológica y la cultural, son tantos los elementos que participan y se sabe poco su nivel de influencia, yo me pregunto ¿por qué tenemos ese afán de ser la única?

  2. wow! me identifico contigo Graciela! yo por ahora tengo todo un revoltijo en la mente y en el corazón… acabo de batear a un chavo del cual me había enamorado y que por la distancia él aprovechó para tener a más chicas. al principio él lo negaba, luego nunca “definió” nuestra relación… y cuando autopropuse un free aceptó… pero yo ya no volví a confiar en él y ya no seguí la relación. luego, conocí a otro chavo, salimos en plan de amigos… me empecé a enamorar (con meses previos de charlas cibernautas) y él me dijo que no quiere nada serio, pues le interesa salir con más personas a la vez y que conmigo aceptaría algo informal. a éste último chavo lo volvía a ver y al final de nuestra cita nos besamos… pero acabé sintiéndome muy triste 😦 … creo que mis demandas actuales son más emocionales que físicas y es algo que yo misma necesito solucionar en mí… pero aún no lo consigo. estas probabilidades de relaciones abiertas me dan vueltas en la cabeza a cada rato y sin quererlo acabo desesperanzada… quizá estoy siendo muy exigente o quizá conformista … no lo sé… me siento muy mal por ahora… siento mucha incertidumbre

    • Gracias por tu testimonio, y a veces uno siente que es el único que vive situaciones así, espero mi texto ayude a ver que no estas sola en estas situaciones

  3. Omg! Lo leí y era como si yo lo hubiera escrito sólo que en mi caso mi príncipe tuvo que casarse por que quedo embarazada la chava y cada que ella se entera de mi el me pide que nos alejemos diciendo que lo hace por el niño y después de unas semanas volvemos a vernos y parece que lo que nos une es mas fuerte, quisiera dejarlo pero no puedo

    • Hola Vanesa:
      Sin duda entendemos tu caso, alejarse de una relación siempre es difícil. Y en tu situación más porque este chico ya tiene una familia, te recomendamos busques y leas el artículo que escribimos en respuesta a este y espero te ayude y te guste, se llama “Historia de un corazón roto (que se resanó)” https://netamental.wordpress.com/2012/10/15/historia-de-un-corazon-roto-que-se-resano/
      Y muchas gracias por tu comentario y nos gustaría conocer también tu opinión del otro artículo
      Un abrazo y recuerda que las decisiones que se toman en la vida sólo pueden ser juzgadas por una sola persona en el mundo: Tú.

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