Cuando el futuro nos alcance (Segunda parte)

Por Arturo Pérez

Los Organismos genéticamente modificados ( OGMS)  son organismos a los que el ser humano les ha modificado su material genético mediante el uso de las técnicas de ADN recombinante. Un grupo de estos OGM abarca organismos transgénicos, en los que la modificación genética incluye la transformación de su genoma mediante la inclusión de secuencias de ADN de otras especies.

Los primeros organismos transformados con técnicas de ADN recombinante fueron bacterias que produjeron insulina humana. En las cuáles se insertaron los genes que producían esta hormona para funcionar como “fábricas vivientes”. Este tipo de microorganismos transgénicos que tienen usos farmacéuticos o medicinales, que nos proporcionan un claro beneficio y que se producen en un ambiente contenido han sido más fácilmente por la sociedad.

A diferencia de la selección tradicional de organismos y características de los mismos, con la ingeniería genética y mediante el uso de técnicas de ADN recombinante es posible la transferencia de genes entre organismos por completo diferentes. Por ejemplo entre bacterias y plantas.

Esto ofrece oportunidades únicas de generar poblaciones de organismos con características nuevas que, generalmente son benéficas para algún uso o servicio.

Sin embargo, la nueva tecnología dificulta nuestra capacidad de poder predecir el efecto de los genes insertados sobre el resto del material genético del organismo receptor, dado que los genes insertados no comparten una historia evolutiva reciente. Además aún no están del todo claros los efectos que a largo plazo, puede tener la inserción de varios cientos o miles de pares de nucleótidos funcionales en un contexto genómico totalmente diferente.

Los científicos y quienes regulan el uso de cultivos transgénicos deben entender claramente los atributos biológicos que cambian durante el proceso de domesticación y cómo podrían verse alterados por la introducción de nuevos atributos mediante técnicas de ADN recombinante.

En general, el uso de OGMS en un ambiente contenido no representa un mayor problema, siempre que se mantengan las medidas de bioseguridad necesarias para que el OGM no salga de su contención.

cambio, la liberación al ambiente de OGMS, en particular cultivos, implica una serie de retos diferentes. Así pues, como cualquier nueva tecnología, la técnica del ADN recombinante tiene sus riesgos, y éstos parecen incrementarse cuando se pretende liberar OGMS al medio ambiente.

Para el caso de los cultivos transgénicos, algunos de los peligros que se han identificado son los siguientes: efectos sobre los organismos benéficos o que no estaban contemplados, evolución de resistencia a plagas, creación de malezas y supermalezas, erosión genética, extinción de especies silvestres, efectos no esperados y flujo genético a variedades criollas y parientes silvestres.

Por lo anterior, antes de liberar un organismo transgénicos, se debe evaluar de manera muy rigurosa cuáles serían los efectos del uso de cultivos genéticamente modificados en centros de origen y centros de diversidad genética, así como en un contexto de mayor diversidad biológica como sucede en México.

En la actualidad se están desarrollando distintas tecnologías que permitirían la contención  de los transgenes. Pero mientras su uso no se generalice, habrá que analizar, caso por caso, cada uno de los posibles riesgos y beneficios reales que el uso de determinados cultivos transgénicos podría proporcionar.

No se puede generalizar a los OGMS como un conjunto único con características únicas. El análisis de cada OGM debe hacerse considerando el organismo receptor de la modificación, la modificación en sí, es decir qué genes y secuencias se insertaron y mediante qué proceso, y finalmente el ambiente donde se llevará a cabo la liberación.

Otro componente importante en la discusión son las grandes transnacionales que hasta ahora han desarrollado y comercializado los OGMS. Las decisiones que se toman en las grandes empresas sobre qué organismos desarrollar y cómo se producen, obedecen a intereses económicos y no a las necesidades de la demanda social local o regional.


Desde una perspectiva personal opino que como medida de precaución en países con una gran biodiversidad y agrodiversidad como México, el cultivo de plantas transgénicas, se realice en escala menor y con plantas cuya polinización no sea abierta (por el viento). Ya que aún se desconocen los efectos que esto pudiera tener en el resto de las plantas cultivadas normalmente y su ambiente.

El escenario que tenemos nos plantea que actualmente, la manipulación genética del maíz criollo continúa a lo largo y ancho de

México basándose en pequeñas poblaciones de este cereal con polinización abierta, las cuáles son mantenidas por miles de campesinos quienes, a través de la presión de selección, buscan adaptarlas a diferentes ambientes y microclimas.
Es fundamental hacer notar que la fuente de las variaciones, compuestos útiles y futuros medicamentos proviene de la naturaleza. Y no se pueden simplemente inventar en un laboratorio. Igualmente los genes que producen estos compuestos provienen de plantas y organismos que durante millones de años los han producido y utilizado.Lo que contribuye a que exista una gran reserva genética de maíz en México. Se calcula que 75% de la tierra dedicada al cultivo del maíz está sembrada con variedades locales de polinización abierta, razas de campo y materiales criollos, además de que 85% de la producción proviene de razas tradicionales.

De aquí la importancia de conservar esta inmensa fuente de recursos naturales, ya no tanto para buscarles solo un fin útil que deje ganancias millonarias en manos de unas pocas empresas transnacionales, sino un beneficio claro para las poblaciones que conocen y mantienen este conocimiento tradicional. Y con una minimización de riesgos ecológicos y económicos.

Para el caso particular del Maíz, es preciso mencionar que el mayor temor es que haya una mayor dependencia alimentaria.  Ya que los OGMS que tienen “candados” para evitar la dispersión de los genes no han sido aún capaces de prevenir daños colaterales, como la dispersión de algunos compuestos, sea mediante el polen de las plantas modificadas o por la ingesta de compuestos en los alimentos

Por otra parte existen algunas semillas que sólo pueden ser útiles para una temporada de siembra, esto limita por una parte la dispersión de genes al hacerlas poco viables para la reproducción, pero por otra parte crearía una mayor dependencia económica para los campesinos que tendrían que adquirir muchos más insumos mientras las variedades criollas corren el riesgo de ser desplazadas o incluso “contaminarse” con los genes transgénicos.

Es importante que podamos reconocer que nos encontramos en un momento clave, ya que es ahora cuando estamos tomando decisiones respecto al uso y aprovechamiento de los OGMS; es ahora cuando estamos decidiendo cómo debe regularse la liberación al ambiente de organismos transgénicos.

Dado que nuestro país es el centro de origen de muchos cultivos como el maíz, y además es un país megadiverso, tenemos ante nosotros el privilegio de contar con la materia prima para el desarrollo de la biotecnología del ADN recombinante, pero además estamos frente al reto de proteger y conservar esta materia prima que es la biodiversidad.

Las opiniones vertidas en el texto provienen fundamentalmente del texto “La diversidad genética y la biotecnología” de Sol Ortiz García. Capítulo de la obra “La biodiversidad de México”. Compilado por Víctor M. Toledo. Editado por el FCE y CONACULTA. 2010

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