Un dos tres por ti y por mis ideales

Por Graciela Sánchez

Fotos de Roberto medina

De nuevo estoy esperándote. Ya he revisado mi correo. He visitado los perfiles de mis amigos y he visto unos cuantos videos. Pero el mensaje de que estás conectado aún no aparece.

Empiezan a invadirme cientos de dudas. ¿Y si te has quedado sin Internet? ¿O ya no quieres hablar conmigo? O peor ¿Y si encontraste ya una novia real? La inseguridad me va carcomiendo cuando, finalmente, aparece en pantalla un ¡hola!, junto a tu foto de perfil.

En ese momento se acaba el mundo para mí. Han dejado de existir los vecinos y mis padres. Ya no hay tareas, amigos o correos que puedan tener mi atención. Y es entonces cuando el escritorio se vuelve el único testigo de nuestro amor.

Foto original de Roberto Medina

Por horas vamos compartiendo nuestras alejadas vidas y construyendo nuestros rostros. Promesas y sonrisas van siendo escritas con fuente Arial. El teclado es nuestro confesor de sueños y logros.

Tratamos de materializar a dos individuos en una computadora. La noche transcurre mientras me repito que verte enla Webcam es igual que tener una cita normal. Como si estuviésemos en el mismo lugar, tomando un café. Pero los primeros rayos de sol, o pequeños  bostezos, anuncian que es momento de irnos a dormir.

Las palabras para despedirnos parecen nunca acabarse. Se queda tras el cursor el beso de despedida, seguido de la promesa de un día, poder dárnoslo en persona.

Y así, tras apagar la computadora, tu rostro y tu vida se desvanecen. Pero me voy a la cama imaginado como te verás en realidad, cuál será el aroma de tu loción. Como sonará tu voz y cómo se sentirá tu piel.

A veces me detengo a pensar en lo que vivimos, y me parece curioso como  prometes ser perfecto. O como dice nuestra canción, aunque eres invisible, veo a través de ti. Siento que soy la única que puede entenderte.

Al otro día verte se convierte en una necesidad, y es cuando me decido. El lugar y la hora han sido acordados. Apago el monitor y no logro quitarme la sonrisa, finalmente, te voy a conocer.

Pero, al llegar a la cama me invade el miedo. Ya cree una imagen de ti, pero nunca he sabido que tan real es. ¿Y si no eres quien dices ser? ¿Y si todo ha sido mi idealización de ti?

Todos idealizamos. Idealizar a la pareja consiste en atribuirle cualidades que lo hacen más bello o agradable de lo que realmente es y apartar de la conciencia lo considerado  negativo. Freud decía que la  elección de los objetos de amor que un sujeto realiza a lo largo de su vida viene siempre marcada por un objeto de amor primero y  fundamental: la madre.

Foto original de Roberto Medina

Cada elección de objeto va a ser un intento de realizar aquellas aspiraciones infantiles inconscientes a las que el niño quedó fijado, que surgieron en relación a la madre como primer objeto de amor y que quedaron reprimidas por la barrera del incesto.Es decir, nos vamos a pasar la vida buscando  cualidades o comportamientos de nuestra madre, y por eso, el amor nos da la sensación de estar completos.

Mas es ese el precio a pagar es realizar proyecciones en una persona, sin saber si son reales. Creamos expectativas de alguien, tomando en cuenta sólo su apariencia, que es lo que se llama el “Síndrome de grandes esperanzas”

Yo tengo una proyección de ti, pero tu tienes otra mía. ¿Y si te decepcionas de mí? ¿Si no soy lo que pensabas? ¿Y si terminas por darte la vuelta para siempre? ¿Y si no apareces?

Durante ese tiempo ambos fuimos quienes queríamos ser. Dijimos y mostramos sólo lo que quisimos mostrar. Sin embargo, ahora hemos pasado a la siguiente etapa.Quizá podríamos ver que somos como decíamos ser, o darnos cuenta de que ocultamos nuestra verdadera persona. Y lograr rechazarnos y sentirnos engañados

Ese día  mi temor aumenta. Y la oportunidad de poder tocarte finalmente se convierte en una tortura. Esa idealización ha pasado a la siguiente etapa, el re-conocimiento.Aquí las realidades van a enfrentarse. Temo tu reacción.  Pero me aterra más el saber que ese tú podría desaparecer para siempre.

Llega la hora y te veo caminar hacia mí. Esa sonrisa se vuelve real. Aunque sea por estos segundos, tus ojos se vuelven sólo para mí

La plática se ha alargado. El sonido de tu risa logra llegar nítido a mi oído. Nos damos cuenta que las apariencias no nos han engañado.

Nuestras manos se aferran. Las distancias se vencen.  Y logro averiguar, por primera vez,  a que sabe tu boca.

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