En plenitud del Nirvana

por Jonathan González

Es una tarde extraña para la temporada de lluvias. Tanto que incluso aquellos que llevan sombrilla deben sentirse como idiotas. O por lo menos tan incómodos como un sepulturero en la playa.

Lo es por que no hay nubes. El cielo tiene un atípico color azul para la ciudad de México y el calor propio del verano no sofoca como debiera. Si en una ocasión así no te buscas un buen balcón para ver pasar la vida, estás listo para el sepelio en la playa. Más valdría que empezaras a pensar en hacer las reservaciones para habitar otro planeta.

Gente va y viene en una ciudad caótica, enmarcada por los sonidos del organillero. Los autos y una mezcla extraña de distintos tonos de voz.

En la calle Regina existe un sitio ideal para eso de ver pasar el tiempo. No tan enmarañado como Polanco ni tan ecléctico como Coyoacán. Aunque si lo suficientemente placentero y discreto.

Se ha puesto de moda en los últimos tiempos. Aunque por fortuna no lo suficiente como para llamar la atención del populacho pretencioso que pulula en la Condesa.

Es un café con servicio de restaurante,  se vuelve atípico por su irreverente distribución de las cosas. Cajetillas de tabacos colgadas en las paredes, mesas tapizadas con tapas de refresco otros cubiertas por pensamientos de aquellos trovadores de la vida diaria

Un te amo “Fulanito” o talvez una protesta contra el gobierno, convirtiendo la mesa en un mural de fragmentos de vida que subsistirán.

Calaveras de papel mache.  Un triciclo ya hace de estatua en el fondo del establecimiento y contrasta de manera magnífica con carteles de cine, ente ellos el de la película Pulp Fiction, con la emblemática Uma Thurman fumando su cigarrillo.

Cocinan buenas pastas, aun que la especialidad de la casa son los rollos árabes; tienen una carta de vinos modesta plasmada en una madera vieja carcomida por la polilla que bien pudo haber sido parte de una casa ahora en ruinas o tal vez un trozo de mesa de una taberna olvidada

No son mezquinos cuando te sirven un trago, y lo mejor,  cuentan con un ambiente de tranquilidad, donde se dan cita escritores y poetas. Se llama el cubo, por respeto a los demás lugares no diremos más.

Se acerca a mi mesa un chico, proveniente de la sierra de Guerrero, me entrega a cambio de 50 pesos una cajetilla de cigarros Carlos sonríe al entregar el cambio; viste una gorra de los Yankees, unos vaqueros desgastados y una camiseta triste y rota. Pregunta de donde soy y que hago aquí.

Respondo a la primera pregunta, la segunda la evado. Él ha venido a la ciudad de México a ganarse la vida, huyendo de quien sabe que cosas, yo… yo solo estoy aquí para encontrarme con Kurt Cobain.

–          Suerte Carlos

–          Suerte para ti también.

La cita era a las 21:15 . Llegó  una hora después, con un paso despreocupado y lleno de desfachatez.

Su atuendo lo conforma un suéter a rallas de color azul, unos vaqueros desgastados el cabello desalineado y sucio. Unos Converse que han perdido la mitad de la suela. No puedo observar sus ojos, ya que los cubre con unos lentes blancos muy redondos

La barba de cinco días es el marco perfecto del genero al que representa. Identifica la mesa en la que me encuentro se sienta y se dispone a hablar.

-¿Qué quieres saber de mi?

– Tu vida completa pero harían falta muchas noches para poder narrarlo a detalle

Le ofrezco un cigarrillo, enciende dicho elemento. Fumar cigarros constituye la forma predominante de adicción a la nicotina en todo el mundo.

Actualmente la mayoría de los cigarrillos en el mercado mundial contienen entre 1 y 2 miligramos (mg) o más de nicotina. Al inhalar el humo, el fumador promedio ingiere 0,8 mg de nicotina por cigarrillo. La molécula alcanza pronto el cerebro del fumador.

Cunado Kurt suelta el humo, hace llegar la nicotina a los pulmones junto con las partículas de alquitrán asociadas; de ahí, pasa a la sangre. Entre diez a sesenta segundos después, la nicotina  penetra en el cerebro.

La causa de que la nicotina cree adicción está en que, aunque inicialmente las neuronas a las que se acopla estimulan la liberación de dopamina  en las neuronas vecinas, si aquellas son sobreexcitadas por la nicotina, la secreción de dopamina se limita.

La consecuencia de lo anterior a largo plazo es que las células adaptan su bioquímica.

Esto ocurre en dos fases: primero aumenta el número de receptores de nicotina, por lo que aumenta la secreción de dopamina; sin embargo, con el tiempo las neuronas reaccionan de forma menos inmediata a la nicotina. Por lo que la necesidad de Kurt, y el resto de los fumadores, aumenta.

Comenzó  hablando de lo que significa venir del seno de una familia cristiana y las circunstancias que lo llevaron a pertenecer a la alegórica banda Nirvana.

–          Empecé en Nirvana por que no tenia nada mejor que hacer. No me gustan los deportes  y una banda es el último recurso para hacer vida social. Antes era uno de esos chicos que hablaba alto y se relacionaba con la gente. Luego me cansé de fingir y dejé de racionarme. Me encerré en mi habitación como si fuera un monje. He olvidado como ser sociable.

Quien conozca un poco la vida de Kurt sabe que no hay exageración al mencionar un sinfín de situaciones. Por insistencia de sus padres formó parte del equipo de luchadores, pero él estaba más interesado en sus clases de arte. Continuamente dibujaba durante las clases, especialmente detalles de la anatomía humana, y también algunas caricaturas de Michael Jackson  posando.

Cobain recibió su primera guitarra como regalo de su tía a la edad de 14 años. En la secundaria sin embargo tuvo problemas frecuentes para encontrar a alguien con quien tocar. Posteriormente encontró a Krist Novoselic creando así las bases del grupo Nirvana

–          sé honesto ¿Por qué crees que Nirvana genera tanta Polémica?

–          Tengo que decir la verdad, tengo que decir lo que siento. Soy honesto pero la gente no está acostumbrada a esta actitud. No se de donde saca la gente eso de que soy idiota, por que estoy seguro que la música que hago es inteligente. Tengo que pedirle algo a nuestros fans. Si alguno de ustedes odia a los homosexuales, a la gente de color o a las mujeres, por favor, déjenos en paz. No vallan a nuestros conciertos ni compren nuestros discos, y ese ir en contra corriente ha hecho esto diferente.

De a poco le da un sorbo a su whisky. Volteo a ver su cenicero y cuento diez colillas, ha encendido uno tras otro a lo largo de la charla.

–          ¿Cómo visualizas la muerte en este momento Kurt?

–          He decidido que quiero vivir a mi manera. Si voy a matarme lo haré por una razón que no sea tan estúpida como mis problemas estomacales. Tengo miedo de morir ahora, por que no quiero dejar a mi mujer e hija solas. He tenido una tendencia suicida a lo largo de mi existencia. No me interesaba mucho si estaba vivo o muerto. En muchas ocasiones quise morir, pero nunca tuve la energía suficiente para hacerlo.

Sonó su celular, es su representante Kurt se muestra un tanto preocupado

–          tengo que irme gracias por los cigarrillos y la bebida, te veré cuando esté de vuelta en México.

Así tan irreal como llegó, se marchó. Apuré el tequila que estaba tomando. Me dispuse a salir

Observé a  los pocos transeúntes que aún deambulaban por ahí. Lucían como una extraña epidemia, a la cual me dispuse a integrar.

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