Libros y muñecas

Por Graciela Sánchez

Pase mi infancia entre libros y letras.  Leía en el transporte, en la casa, al terminar mis ejercicios de la clase, en reuniones familiares y fiestas, e incluso a la hora de la comida

Siempre supe que no era una niña normal, pero esto no era motivo de preocupación en casa, mi rareza había sido inculcada por mi papá y siempre la alentó

Como hija única aprendí a ver y a amar los libros como mis compañeros de aventuras. Pero por muy poco común que me quisieran hacer aún seguía siendo una niña.

Resortes, juegos de mesa, además de la fortuna de ser la primera generación que conoció los tazos, enmarcaban nuestros 50 minutos de recreo

Pero al salir de la escuela volvía a ser la amante de libros y cosas raras. Pasaba mis domingos en museos, teatros y zonas arqueológicas. Mis veranos eran utilizados en clases de pintura, danza y  teatro.
En una ocasión íbamos pasando por un puesto donde tenían unas y decidí armarme de valor. Le dije a mi papá que me gustaban mucho esas muñecas y que me gustaría tener una.Una de las cosas más frecuentes en estos lugares eran los vendedores de artesanías que colocaban su mercancía en lonas de plástico, donde también ellos se sentaban. Allí era donde siempre veía a las muñequitas de trapo llenas de listones

La respuesta de él fue negativa pues decía que esas muñecas eran para las niñas indígenas, o las que eran pobres. Que yo no era una niña común y por tanto, no debía de querer lo que tenían los demás

No era una niña que le gustara entrar en conflicto así que nunca volví a pedir una pues temía que fuese criticada y discriminada por tener juguetes que fuesen propios de mi inteligencia y posición social.

Pronto pasé a la etapa en la que creía ser demasiado grande para juguetes, así que mis ganas de tener una , fueron almacenadas junto con todas esas cosas que quisimos de niños y por una u otra cosa, no obtuvimos.
Un día, ya de adulta, volví a recorrer esos lugares que solía recorrer de niña. La mano de la cual iba tomada ya no era de papá. Sino de un chico con los que se vive una de esas etapas más de la vida.

Pasamos frente a un puesto donde vendía estas muñequitas, y como un comentario al margen le mencioné que siempre había querido una pero que mi papá nunca me la había querido comprar.

Él se paró frente al puesto y me dijo que eligiera una. De nuevo los colores de sus listones volvían a invadir mis ojos.

Sabía que esos rojos, azules , verdes y morados provenían animales y plantas . Ahora, para mí, ya no era una simple muñeca. Manos indígenas las habían hecho, y que eso las hacía aun más especiales

Que ese rojo de su boca y de las líneas de su falda era obtenido de las hembras secas de la grana cochinilla.  Y que la grana tienen un ácido llamado carmínico y que  representa de 10 al 22% del peso seco del insecto.

Que al sacar la babita, esta era blanca y en cuanto le tocaba la luz cambiaba de color a ese brillante  púrpura.

A veces me pregunto si mi papá sabía que esos legendarios habitantes de quienes me contaba leyendas y me regalaba libros habían hecho posible esos que el llamaba “juguete de pobres”

Que el morado de decoraba sus trencitas de hilo era el mecanismo de defensa de un caracol marino. Que este caracol segregaba una baba para paralizar el sistema nervioso de quien se lo quisiera comer.

Hoy, esa muñeca que añore toda mi infancia descansa sobre mis libros. Recordándome quizá no sea común, pero tampoco soy mejor que los demás. Que nunca se es demasiado grande para un juguete. Y mostrando que  aunque ya he dejado la infancia, los deseos de esa época aún pueden hacerse realidad
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Un comentario en “Libros y muñecas

  1. WOW!!!! Me encanto!!! Feliz dia…nena!!!

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