El olor de tu cuerpo

Por Graciela Sánchez

Fotos de Roberto Medina

Finalmente, había llegado al bar. Era el cumpleaños de una amiga de la infancia, así que me veía obligada a ir, a pesar del insufrible tráfico de un viernes de quincena. Entré buscando a mis amigas con desesperación y reconociendo el paisaje masculino.

Foto original de Roberto Medina

Estaba a una semana de mi período y a pesar de que mi vida de mujer moderna y trabajadora, se contraponía con mi instinto biológico de ser madre y dejar, en palabras de mi madre, “mi semillita en el mundo”

Hace años había leído en un artículo que el motor que mueve al ser humano es la reproducción. Aparentemente vivíamos, comíamos y nos vestíamos con el único fin de encontrar con quien tener hijos sanos. Por eso, al verlo, decidí que no podía dejarlo ir.

Era guapo, alto, fornido, inteligente y sumamente simpático. Al principio dude un poco en ir hacia él. Estaba sentado en la mesa de a lado. Rodeado de mujeres que tratabn de ligárselo.

Sentí que era imposible que un hombre así quisiera estar conmigo, pero no podía dejar de pensar en lo lindo que sería tener una vida con él. Así que después de estar casi toda la noche viéndolo. Aproveché que su sequito de mujeres se distrajera, y me senté a su lado.

Foto orginal de Roberto Medina

Pasamos toda la noche platicando de planes y metas. Teníamos mucho en común. Una familia divorciada. Misma música. Mismos libros. Habíamos sido criados por uno de nuestros padre, el su papá y yo mi mamá.

Y mientras íbamos las fronteras de nuestro cuerpo se iban venciendo. Su mano había encontrado ya asilo en mi pierna y el ruido del lugar fue nuestro pretexto para hablarnos al oído. Pero, algo estaba mal. Él tenía un olor muy extraño. Desagradable

No se trataba de lociones o jabones. No era el ambiente del lugar. Sino algo que venía de su cuerpo. Normalmente, el olor de los hombres tiene un cierto atractivo sensual. Incluso, había ocasiones en los que había estado con hombres muy poco atractivos, pero con un aroma irresistible.

Feromonas, eso era lo que no estaba funcionando, al menos eso creía yo. Esas sustancias químicas eran las que provocaban que terminara en la cama con los tipos más impensables. Pero también podían ayudarme a rechazar a este hombre.

El olor era molesto, pero su boca empezó a rozar mi cuello. Fue así como mi instinto pudo más que mi olfato y  rozando mi cuello había terminado venciendo a la razón. Salimos del lugar con excusas y mentiras. Mientras nuestros amigos nos lanzaban sonrisas cómplices.

Su departamento estaba muy cerca. Teníamos una evidente urgencia de sentirnos, y al pasar sentía que todos lo notaban. Entramos su cuarto e inmediatamente nos fuimos a la cama. Su olor seguía dándome vueltas, pero con su tibia lengua iba pasando en mí su testosterona, que me excitaba y me creaba la necesidad estar en él

Sus manos me recorrían mientras entraba y salía de mi cuerpo. Parecía el amante perfecto, pero yo no podía sentir cierto repudio por ese aroma de su sudor. En situaciones normales, podría haberlo considerado el amante perfecto.

Pero en esta ocasión, cada vez que mis labios lo recorrían o nuestros cuerpos se fundían, el olor me distraía. No había nada sensual en él. Resultaba, incluso, grotesco

Foto original de Roberto Medina

Al terminar, frustrada y cansada, me di la vuelta para dormir. Él quiso abrazarme ¡Genial, de todos los amantes pasajeros, me había tocado el cariñoso! No logré resistir estar cerca toda la noche, y en la madrugada me fui deslizando hasta el otro extremo de la cama.

Me despertó un beso y una caricia en el rostro. Abrí los ojos con la esperanza de que aquel olor hubiese sido algo pasajero. Pero al sentir sus labios, regresó a mi nariz.

Me pregunté si no tendría alguna enfermedad. Parecía sano, pero uno nunca sabe. Él se paró a bañarse y yo le dije que quería seguir durmiendo un poco más. Pero en cuanto él salió comencé a abrir y cerrar cajones.

Si había algo malo en él, debía saberlo, y  él no me lo diría. Buscaba recetas médicas, medicinas, incluso un diario. Encontré en su escritorio un folder foliado bajo el nombre de “Documentos personales”. Lo abrí, curriculum, recibos de luz. Historiales académicos. Su acta de nacimiento. Todo lo que uno lleva a una entrevista de trabajo.

Foto original de Roberto Medina

No había indicios de una enfermedad. Pero me causó curiosidad ver en donde había nacido, e incluso el nombre de los que, sino fuera por ese aroma, podrían haber sido mis suegros.

Estoy segura que cuando él salió del baño esperaba encontrarme en la cama, y no parada, pálida y sosteniendo su acta de nacimiento.

–         Oye ¿qué haces con mis papeles? ¿Dónde los encontraste?

–         ¿Esta es tu acta de nacimiento?- le dije asustada

Era una pregunta obvia y totalmente ridícula, pero yo aun esperaba que todo fuera una mentira.

-Sí, es mi acta. Tiene mi nombre  ¿No?- me respondió molesto

-Es que tiene un error en ella. El nombre de tus padres es el mismo que el de los míos.

Su expresión se desfiguró inmediatamente. Ambos entendíamos que implicaba eso pero, nos negábamos a aceptarlo

-¡Imposible! Porque eso querría decir que tú y yo..

-Somos hermanos

Tras la larga conversación, finalmente salía de aquel edificio. Al dirigirme a casa trataba de entender lo que había pasado. Su padre se había separado de su madre, mi mamá. Cuando él tenía solo un año, y yo tenía tres. Ninguno de los dos nos recordábamos. Y a ninguno de los dos nos habían informado que existíamos.

Llegué a la casa e inmediatamente llamé a mi mamá. Le dije que había conocido a mi hermano, así,sin más. No le dije que me había acostado con él. Quiso explicarme, pero no quise oír. Ya era suficiente con haberme enredado con él. Así que traté de sepultar el asunto para siempre.

Sin embargo, al contárselo a mi amiga, la de la fiesta, me hizo entrar en razón. Me dijo que era importante ir al médico y ver si no me había embarazado. Llegamos al médico, entendió la situación,  y me  empezó a hacer preguntas y estudios. Me dijo que si había notado algo al estar con él. Yo  recordé su particular olor y le pregunté al médico por alguna enfermedad cuyo único síntoma fuese ese.

El médico, tras una sonrisa un poco extraña. Me dijo que probablemente, eso que había olido era su huella genética.

-¿Qué quiere decir eso?

-Todos tenemos en nuestro sudor, sangre y los hombres en el semen, información genética. Nuestra carga de genes. En este caso, tu cuerpo detectó una carga genética igual a la tuya en él.

-Porque somos hermanos

-¡Exacto! Y es poco probable que si tuviesen un hijo, este fuera sano. Así que su cuerpo, de manera inconciente, claro, trató de alejarte con ese aroma para que tu te alejaras. Y así no hubiera posibilidad de que se reprodujeran.

-Pero no hice caso y me fui con él

-Así es, evolutivamente, el cuerpo tiene señales que nos van guiando. Pero a veces no las conocemos.

Salimos del consultorio y prometimos no volver a hablar del asunto. A mi mamá le pedí no volver a mencionarlo y a él no lo volví a ver. Pero ese día aprendí a hacerle caso a mis instintos y mi nariz

10 comentarios en “El olor de tu cuerpo

  1. Que interesante… y ¿por que la mujer pudo ser la unica en detectar la “carga genetica”? ¿Existe alguna relacion entre el genero y la capacidad para detectar esta “carga genetica”? ¿es un relato real o ficticio?

    Grax

    1. no, no existe ninguna relacion, solo que este articulo fue enfocado a la visión de ella, estaría bueno ver la visión de él. Es ficticio con datos reales. Se hizo un experimento donde se les cubrió los ojos a 5 mujeres y a las cinco se les dió a oler una playera. Se les pidió eligieran cual era la que tenía el olor mas desagradable. Las cinco eligieron playeras diferentes, al descubrirse los ojos vieron que las camisetas que habían elegido correspondían a sus hermanos. Evolutivamente el cuerpo no gasta energía en una reporducción que no sea exitosa. Por eso pone algunas marcas como esta. Pero evolutivametne, habría que añadir las cuestiones sociales también, saludos!

  2. Aunque la situación es ficticia fue bastante acertada para explicar el asunto de la huella genética. ¡Me agrado mucho!
    Solo cuestionaría como la chica sabía que el hombre era “…inteligente y sumamente simpático” antes de conocerlo. La descripción fisica “guapo, alto, fornido” lo entiendo, fue lo que notó al mirarlo pero no podía saber lo demás. Aúnque, eso no es lo importante de la narración 😄

    1. bueno, quizá si se dio por sobreentendido eso, la autora consideró que no era relevante, pero tienes razón, hay que poner atención en esos pequeños detalles, gracias!!

  3. eli: sólo me gustaría que revisaran una vez más la redacción; para que sea aún mejor!
    Pero me gustó la manera de manejar la información relacionándola con la historia. Pienso que es más fácil enteder de esta forma ciertos tipos de información científica sin aburrirse, principalmente para la población que no está en contacto con esta esfera.

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