Artistas, sonidos e imbéciles

Por Graciela Sánchez

Fotos: Daniel Quitzé Antaño

Después de quince minutos explicando a la taquillera la situación, finalmente puedo ingresar a la sala del cine.

Afortunadamente todas las películas empiezan tarde, por lo que puedo buscar mi asiento. Mientras tanto los anuncios de refrescos y campañas contra alguna capacidad diferente se van materializando en la pantalla gigante.

Debo admitir que no estoy acostumbrado a esta experiencia. Normalmente mis visitas a este sitio son desastrosas. No logro comprender las tramas o las entiendo a la mitad. Pero me dijeron que esta película es diferente. Que aún yo podré disfrutarla.

H-1. Sí, es este mi asiento. Decido darle una nueva oportunidad al séptimo arte,mientras la pareja de la izquierda tratan de callar los descomunales berridos de su hijo, cuya niñera seguro descansó hoy.

Las luces se apagan mientras los adolescentes de las filas de enmedio se toman fotos y se avientan las palomitas.Para muchos ésta sería razón suficiente para abandonar la sala. Más no para mí. He desarrollado la capacidad de no oírlos , cuando yo quiera.

Aparece el título gigante y la pantalla se va perdiendo color hasta quedarse blanquinegra. Los personajes comienzan a presentarse. Normalmente, durante estos primeros 15 o 20 minutos me doy cuenta que las historias de héroes y villanos de la película que veo,  me son ajenas. Decido que, nuevamente ha sido inútil haber regresado, y abandono la sala.

Foto original de Daniel Quitzé Antaño

Pero esta cinta es especial. Por pimera vez me he apropiado de sus vidas y tragedias. No quito la mirada del frente. Pero logro percibir la incomodidad del resto de los espectadores. Todos se hacen señas entre sus acompañantes, indicando que no hay sonido. Quizá no saben que en “El Artista”, no hay nada que oír.

Nadie puede concibir que un filme mudo haya ganado el Oscar más codiciado en aquella noche. Los adolescentes abandonan el lugar. Los padres le dan una oportunidad. Y yo..bueno, esbozo una sonrisa. por un minuto, los entendí.

Por primera vez me quedo hasta los créditos finales. La pareja sonríe, agradeciendo el haberse quedado. Han comprendido que ese mundo  es diferente. Más no es menos valioso.  Probablemente ellos si entiendan mi situación.

Se encienden las luces, que me indican que la vida ha regresado a su vacía realidad. Bajo por las escaleras eléctricas. Al llegar a la mitad de estas un chico me empuja. No se que es lo que dice. Aunque me sé esas señas de memoria. También conozco la respuesta: ¡Sí, estoy sordo, y tú eres el imbécil!

Mi frase se reduce a un montón de ondas sonoras que hacen vibrar su tímpano. El tímpano decide tranmitirle mi respuesta, incluyendo el ¡imbécil! a su oído medio. Aquí todos los huesitos ( los famosos tabique, etc.) reproducen el sonido. Incluso a mi insulto le aumentan la frecuencia y la intensidad.

Foto original de Daniel Quitzé Antaño

Su cóclea, o el famoso caracol, recibe el sonido. Mi ¡estoy sordo! viaja en el líquido y las células que están dentro de la cóclea. Estas células se doblan junto con la actitud altanera del chico.

Finalmente el sonido es transformado en impulsos nerviosos. LLegan al cerebro, donde son procesadas. Y el reacciona bajando la cabeza y escupiendo un ¡Perdón!

Su disculpa rebota en el aire. Viaja de un lado a otro. Entra a mi oído, trata de recorrer el mismo camino que en el chico. No lo logra. Yo no tengo, como él, una cóclea.

Así que su disculpa, junto con los sonidos desagradables, ni tampoco los agradables, van a llegar algún día a mi cerebro. De la misma manera que, mucho me temo, nunca llegue una sociedad que se preocupe o interese por la gente con necesidades diferentes a las suyas.

Y a pesar de mi buena experiencia con la película, me doy cuenta de que para nosotros, los sordos, ni siquiera ir al cine es un derecho.

7 comentarios en “Artistas, sonidos e imbéciles

  1. Por desgracia es una situación en la que nunca nos ponemos a pensar, el trabajo que le cuesta a una persona con ese tipo de discapacidad, poder adaptarse al mundo “normal”. Un buen trabajo para hacernos pensar

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