El caballero de la dorada armadura

Por Graciela Sánchez

Limosinas y vestidos de diseñador ya están cerca. Hace unas horas , los reporteros y las miles de cámaras tomaron su lugar. Enlaces en inglés, español, portugués, italiano y hasta japonés se entremezclan. La noche más glamorosa del año ha comenzado.

Tacones Valentino y trajes Versage van trasgrediendo la roja tela en esta noche de febrero,  mientras los corresponsales se amontonan para tomar el mejor perfil. Pero estos hombres y mujeres no se inmutan ante tantos reflectores. Incluso, no saben vivir sin ellos.

El niño que se aferró al recuerdo de su padre muerto a través de una búsqueda incansable por una cerradura para la llave del closet paterno; Camina con un negro traje y una amplia sonrisa. Tan fuerte y tan cerca del triunfo.

El terco entrenador de americano se ha puesto su disfraz de galán y estrella cinematográfica. Tras él vienen las Criadas y señoras, acompañadas tras el valiente joven que dejó su Caballo de Guerra.

Hugo atraviesa el recinto mientras los enamorados a la Medianoche en París han venido a recordarnos que no se es más feliz deseando lo que no se tiene.

La familia de los Descendientes se colocan cerca de aquellos que hacen el Árbol de la vida. Mientras que El Artista favorito de la academia deja atrás el monocromo para colorearse con la que podría ser la mayor victoria.

Los contendiente por el dorado caballero de la espada han llegado y la batalla está por finalizar.

Los 34 kilos de oro moldeados esperan tras bambalinas. Oscar no acepta ser de otro material, no podría serlo. En tiempos ya muy remotos fue hecho de yeso pues la guerra no permitía tal lujo, pero hoy son ya tiempos mejores.

Caras nerviosas van oyendo sus nombres y viendo sus rostros en la pantalla tras haber sido mencionadas categorías de menor relevancia, pero no de menor esfuerzo

Ha llegado el momento de mencionar a aquella, que será recordada como la película que removió todos los sentimientos del público y cuyo nombre se tatuará en la historia del séptimo arte.

El sobre se abre y las respiraciones se detienen. Los conductores alargan lo más posible la intriga. Pero ellos no saben que Oscar podría permanecer con su eterna sonrisa y brillo por muchos minutos, incluso muchas décadas más.

El caballero del metal dorado no se oxida, porque es un metal de transición. Todos escuchan la primera letra que comienza a descubrir al triunfador. Mientras ignoran que el brillante trofeo no es de oro puro, jamás lo será.

Esta hecho de bronce y recubierto con chapa de oro. Ya no son tiempos de guerra, ya se puede hacer un dorado Oscar, pero el oro puro no serviría. De ser 100% oro, sería tan blando que jamás se podría moldear,  ni llegar a manos del ganador.

Pero eso no importa. Quizá no sea el más puro pero sí el más perfecto. El artesano ha derretido a 2855ºC miles y miles de estatuillas defectuosas para que esta noche no desentone con la perfección de los semidioses participantes de la contienda.

Finalmente los interminables segundos han llegado a su final. Oscar deja su plácida espera y es colocado en manos de aquel Artista cuya llegada del cine sonoro amenazaba su carrera. Y hoy, le da  su triunfo

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