Ay amor…

Por Carmina de la Luz

A los que extrañan y se dejan extrañar más allá de este 14 de febrero

Una chica conoce a un chico. La chica se enamora, el chico no. Aunque esto podría ser al revés, da igual. El hecho es que mientras uno se eleva en el cielo del enamoramiento, la otra persona ya no halla cómo aterrizar rápido y de la manera menos accidentada posible. Clásico, a tod@s nos ha pasado.

¿Recuerdan esa última cita? Todo iba tan bien. Un rato con los cuates, una cervecita, la charla amena y después, el camino a casa. Llegan a su destino final, apaga el motor del coche y antes de que tú te lances hacia el acostumbrado despido largo.Él/ella te detiene y dice:

“Tenemos que hablar”

¡Ajá! Algo en ti te decía que no todo andaba bien. Entonces de su boca salen frases como “No eres tú, soy yo” “Eres linda, pero no quiero nada serio” “Me gustas, te quiero, pero ahorita no es mi mejor momento”. Y así de rápido, desde las alturas, tu corazón y euforia experimentan la caída libre de los cuerpos. Pero ¿Qué pasó? ¿Qué falló?

Como todo en esta vida humana, el que dos personas queden prendadas y deseen quedarse como residentes de las nubes por un tiempo indefinido, depende de diversos factores. Muchos de los cuales tienen sus bases en una compañera de todos los días, la química.

Los elíxires del amor

No hay una vacuna que lo prevenga, ni un suplemento que ayude a atraparlo, simplemente se da. Y entonces uno comienza a hacer todas las cosas que juraba nunca hacer: gastar una buena cantidad en telefonía celular para llamar o mandar mensajes de texto a nuestra media naranja. Ponernos hasta el molcajete encima, con tal de llamar su atención.

Y ahí está, frente a nosotros, mientras buscamos en la memoria rastros de algo que se le pudiera comparar  y nada, a parece esa sensación única que nos conecta con él o ella.

Son tres los principales culpables de esta ola de emociones y fiebre amorosa. La primera es la oxitocina, también llamada “molécula del amor” o “molécula afrodisíaca” cuya cantidad se incrementa tanto en hombres como en mujeres al hacer el amor.

La vasopresina es otro elíxir amoroso que suele ayudar a la oxitocina en la formación de vínculos afectivos. El tercer tipo de hormona que sustenta este sentimiento son las dopaminas, cuyas dosis producen la sensación de placer (ver “De cafés salados y amores perdidos” por Graciela Sánchez en este mismo Blog).

El amor está en el aire

El olfato es otra de las claves que pueden ayudar a comprender el amor. En los animales, grupo al cual también pertenecen los seres humanos, existen dos sistemas olfativos. Uno funciona como una amplia antena parabólica que detecta de manera muy precisa una gran variedad de señales químicas relacionadas con la comida, los posibles enemigos o un territorio ocupado. El otro sistema es más específico, se llama sistema vomeronasal y sirve para encontrar una pareja disponible.

Con el sistema vomeronasal muchos animales pueden captar a las feromonas, un tipo de hormonas capaces de viajar en el aire mientras llevando la información necesaria para una reproducción exitosa.

Al parecer, en el caso de los humanos, este órgano ha sido bastante suprimido por el proceso evolutivo, sin embargo, hasta la fecha no se ha podido demostrar que los seamos totalmente insensibles a las feromonas. Quizá es por ello que no nos enamoramos de cualquiera, sino de aquellos con quienes hemos mandado y recibido mensajes. Incluso se ha visto que podríamos sentir una atracción mayor por aquellos que poseen características químicas complementarias a las nuestras.

 

Un enigma amoroso

Una mujer puede hacer una larga lista sobre lo que le gustaría encontrar en un hombre, sin embargo, estoy segura de que todas coincidiríamos en varias características físicas: más alto que nosotras, grandes manos, espalda ancha, músculos fuertes y quizá una manzanita de Adán asomándose en el cuello… ¡Bendita sea la testosterona! Pues es la hormona responsable del desarrollo de todas estas características masculinas. Las mujeres también producimos testosterona, pero en cantidades diez veces menores que los varones, al menos bajo condiciones “normales” o de soltería.

Lo que resulta enigmático, aun para la ciencia, es la cantidad de testosterona que presentan las personas enamoradas, ya que en el caso de los hombres esta baja, mientras que en las mujeres se eleva. Tal vez esto funcione como una adaptación que asegure la reproducción, quizá mejora la comunicación y reduce abismos, por aquello de que las mujeres son de Venus y los hombres de Marte.

El asesino del amor…

Continuará…

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