No puedo vivir sin tí

Por Karla Rodríguez

La semana pasada limpiaba mi patio y note que había jalado unas bolitas negras con la escoba, estas eran pequeñas, duras y muy oscuras. Las había visto antes pero nunca les preste atención, así que esta vez decidí buscar su origen, casi inmediatamente note que habían caído de una madera vieja que se encontraba en el techo y como casi siempre sucede asocie la escena a unos comedores de madera por excelencia… las termitas.

Las termitas parecen ajenas a la ciudad pero las podemos encontrar en varios rincones. De hecho, en la tierra hay unos tres cuartos de tonelada de estos insectos por persona. Por lo mismo casi toda la gente las reconoce y sabe cuáles son sus características principales.

Son insectos pequeños con alrededor de 2000 especies descritas, de cuerpo blando y muy  sociales, con  esto me refiero a que viven en colonias con una compleja organización e incluso se pueden diferenciar en tres tipos de individuos: las obreras, soldados y reproductores.

Sabemos que estos insectos se alimentan de madera pero serían incapaces de hacerlo sin la ayuda de unos pequeños inquilinos que se llaman hipermastiginos. Estos minúsculos huéspedes de su tubo digestivo pertenecen al grupo de los protozoarios  y son importantísimos para las termitas, pues sin ellos pierden la capacidad para degradar uno de los principales componentes de la madera, la celulosa.

Esta relación entre los dos organismos llega al extremo porque no pueden vivir el uno sin el otro, se ha observado que los hipermastiginos no sobreviven fuera del intestino de las termitas y si a las termitas les quitan sus protozoarios mueren de inanición por no poder degradar la celulosa.

En la naturaleza este tipo de relación recibe el nombre de mutualismo obligado, esto quiere decir que ambos miembros reciben beneficios de su asociación pero llegan al extremo de no poder sobrevivir el uno sin el otro, así que el título resulta cierto para ellos.

Aunque las termitas pueden parecer molestas su función como degradadoras de madera es de suma importancia en la naturaleza. Hay que reconocer que es un proceso elaborado que se puede complicar aún más por la intervención de bacterias metanógenas, algo así como una matrioska biológica por aquello de que se encuentra un organismo dentro del otro.

Estas bacterias son necesarias para algunas especies de termitas pues a pesar de que los hipermastiginos son los encargados de producir la celulasa (enzima que degrada la celulosa) necesitarán además la degradación del H2 que se genere por la fermentación producida por los protozoos; para no tener exceso de este gas en el intestino, supongo que debe ser muy molesto.

Los organismos cohabitan hasta que llega el momento de la muda del insecto pues entonces la fauna protozoaria del colon se pierde. Sin embargo, los individuos que han terminado la muda recuperan la fauna a través de la alimentación directa del ano de otras termitas, nadie dijo que las relaciones eran sencillas ¿o sí? Todo sea por recuperar al inseparable acompañante y continuar con la vida.

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