” Elemental, mi querido cinéfilo”

Por Graciela Sánchez

Siento el frío en mi cuerpo. Trato de salir del sitio pero mis botines se niegan a dar un paso más y caigo sobre la lujosa alfombra. Mientras me encuentro en el suelo escucho a lo lejos los ruidos tan comunes de la calle.

Carruajes transportando damas. El pequeño vendedor de diarios da los encabezados. ¿Otra explosión es la que anuncia como noticia del día?. Ya son varias en la semana, una guerra eminente se avecina.

Un caballero se acerca y le da dos peniques a cambio del trozo de papel. Incluso… Sí, es ese el ruido de sus botines acharolados chocando contra la acera. Quitándose de vez en vez el sombrero de media copa para saludar a los parroquianos que encuentra a su paso.

Seguramente carga el diario bajo el brazo mientras camina por éstas, las obscuras y grises calles de Londres. Y mientras tanto, yo yazco aún en la alfombra, con mi pañuelo de encaje que presume una escarlata mancha salida de mi boca.

Siento como el aire poco a poco se me va iendo. El corsé parece pesarme 1000 libras pero por más que trato de estirar los brazos para aflojarlo, éstos no me responden.

Llevo mi mirada hasta la entrada del lugar. Ruego que él se haga presente. En estos momentos añoro su sonrisa sarcástica escondida tras esa inseparable pipa. Y sobre todo la extraña seguridad de ese departamento en la calle Baker.

Sale un grito de mi garganta ¿Mi último aliento acaso? Creo oír su voz gritando mi nombre: Irene…

-¿Bueno?, No te puedo contestar, estoy en el cine.

-Señor, le pido guarde silencio, si no le puede contestar, para que le contesta

-Tú no te metas, vieja metiche

Tal vez si el Inspector Holmes estuviera aquí, sin importar si fuese la versión del libro o Robert Downy Junior en ropa inglesa, habría utilizado sus conocimientos en box y esgrima y eliminar por completo a este tipo que, violando toda norma de civilidad y sentido común, contestó el teléfono a los 10 minutos de haber iniciado la película.

Incluso,  con su lógica  tan admirada por generaciones, y que hoy se hace llamar razonamiento deductivo, podría descifrar el estado socio económico de mi agresor o incluso algún trauma infantil que lo lleve en su vida adulta a sobresalir por sobre todos.

Partiría de la premisa de que el tipo es un soberano maleducado, la cuál es la conclusión evidente, y formularía una serie de teorías, que iría descartando una a una de acuerdo a su ropa, sus actitudes trogloditas, o su celular de última generación que adquirió a través de un plan.

Pero en este momento me veo condenada a negarle una respuesta. Gracias a lo cual no me entero si Irene se salva o saldrá en alguno de los más de 130 minutos de la segunda parte de” Sherlock Holes: Juego de sombras”.

Así que, quienes decidan ir a verla, les ruego me informen el destino de esta dama. Y ojala decidan verla, pues podrán pasar dos horas de su vida riendo y observando como el Inspector más famoso de la historia trata de resolver un complot internacional a manos de su infinito archienemigo, el Dr. Mortimer.

Mientras yo sigo aquí, preguntándome si algún día la gente entenderá que el contestar el teléfono adentro de la sala de cine para decir “no te puedo contestar ahorita” , es algo que escapa de toda lógica, deductiva o lineal.

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2 comentarios en “” Elemental, mi querido cinéfilo”

  1. Es mejor dejar el celular en casa cuando uno planea ir al cine o apagarlo o ponerlo en modo silencio cuando uno entra a una sala de cine. Es educación cívica mínima, en una norma urbana que debemos promover para la salud mental de todos 😀

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