La vitrina de la abuela

Por Angélica Mendoza

El físico sabe muy bien que lo que dice su teoría no lo hay en la realidad (...) El hombre de la calle trabaja sobre el plano real y describe fenómenos reales mientras que el científico trabaja en un plano ideal donde describe fenómenos científicos que tienen una correspondencia mucho menos estrecha con el mundo experiencial que conocemos. (...) El punto matemático, el triángulo geométrico, el átomo físico, no poseerían las exactas cualidades que poseen si no fuesen meras construcciones mentales.”
Ortega y Gasset (1964)

Imagina la vitrina de la abuela… ¿Cuántos objetos podrías encontrar dentro? Recuerdos, adornos, la vajilla más antigua -regalada por la bisabuela-, para que en la menor provocación, la presuma a los invitados, o en cualquier ocasión. Cuánto hace de la fotografía de su padre cuando niño, o del cofre repleto de joyas que heredó de la abuela de la abuela de la abuela… si pensabas que tu abuela es la única en atesorar todos estos objetos, te equivocas.

Si remontamos al siglo XVIII, hace muchos, muchos años, descubrirás el motivo de tal aseveración. Imagínate entrando al cuarto trasero de una botica, conocida actualmente como farmacia.

En los muros de este cuarto, llamado rebotica, se alinean cinco estanterías repletas de libros, colocadas sobre otros tantos muebles con puertas y cajoneras de varios tipos que contienen monedas, minerales, fósiles, conchas, insectos y otras cosas por el estilo; de la pared de en frente, cuelga un inmenso armario que contiene centenares de frascos con preparados animales y vegetales; multitud de cornamentas y animales disecados penden del techo.

En aquella esquina un mueble de herbario con sus altos cajones, contiene pliegos con las plantas prensadas o pegadas con cola.

Por increíble que parezca y dejando un poco de lado la imaginación, estos cuartos fueron reales y algunos aún existen. Se les nombraron Gabinetes de curiosidades, y que así como la antigua vajilla abuela, pasaron por varias generaciones familiares. Sin embargo en aquellos años, a finales del siglo XVII, el coleccionar objetos, tenía otra intensión: practicar y comunicar la ciencia.

El espacio que se describió anteriormente, perteneció a la familia Salvador de Barcelona, y fue nombrado La rebotica de los Salvador o el Gabinete Salvador, y creado entre los años 1626-1857. Todo comenzó cuando el joven Joan Salvador Boscà, se casó con la hija de su maestro Gabriel Pedrol, quien tenía una botica en la ciudad de Barcelona. Durante sus años como aprendiz de farmacéutica había realizado un viaje por la península Ibérica de donde trajo consigo plantas, minerales, conchas y otras curiosidades.

También desarrollo  la escritura como medio de comunicación, a través de cartas con otros naturalistas europeos. Gracias a su amigo el médico francés Jacques Barrelier , intercambió especímenes, imágenes y escritos sobre los objetos de su colección.

El público que visitaba el gabinete de los Salvador no necesariamente tenía interés en la ciencia, por lo que el gabinete estaba ordenado de tal manera que se pudiera mostrar la mayoría de las piezas.

El hijo mayor de Jaume, Joan Salvador Riera, siguió los pasos de su padre y sumó sus libros al gabinete familiar. Su aportación más significativa, fue la configuración del herbario de acuerdo al sistema de clasificación de Linneo (animal, vegetal y mineral).

Al igual que su abuelo y su padre, su actividad fue impresionante: viaje de estudio a Montpellier, Paris e Italia; establecimiento de relaciones epistolares e intercambio de materiales para aumentar la colección. Sin embargo en 1726 muere a los 43 años, dejando el legado a su hermano Josep.

Josep Salvador, quien no se destaca especialmente en temas científicos, aportó la notable confección de los muebles del gabinete, tal y como hoy se conocen en el Instituto Botánico de Barcelona. Jaume Salvador Salvador, hijo de Josep Salvador Riera fue el primero de esta saga que ya no siguió con la tradición familiar de ser boticario, y aunque siguió siendo el dueño del a botica, no acrecentó la colección.

Si bien la abuela sirve la comida en la antiquísima vajilla de sus ancestros a cualquier invitado, Jaume Salvador Salvador permitió la entrada al gabinete, únicamente a visitantes ilustres y a diversos estudiosos que solicitaban verlos.

Cuando dos años más tarde de la muerte de Josep Salvador Soler,  en 1938 la Generalitat republicana (gobierno), decidió el regreso del gabinete a Barcelona y su instalación en el Instituto Botánico.

Puede parecer importante, incluso extraordinario, tanto el valor de la foto del bisabuelo, como el herbario de los Salvador partiendo de los años de antigüedad, el número de objetos y así hasta no terminar… sin embargo la importancia más significativa que tienen estos gabinetes de curiosidades dentro de la historia del hombre, en el siglo XVIII, fue su aportación al conocimiento de la naturaleza, y fueron precisamente los filósofos naturales, médicos, boticarios, clérigos o aristócratas que dieron prioridad a la naturaleza para el armado de sus compilaciones.

Más allá de coleccionar objetos de la naturaleza cómo una forma de entender el mundo, la contemplación de los mismos es algo más que puro deleite estético o emoción, incluso es algo más que la incitación a la curiosidad.

Es una necesidad de informar sobre el objeto, por lo que dicha información se comunicaba mediante escritos en rótulos o etiquetas, que describían la historia de su procedencia. En cualquier botica de la época, escribir nombres en etiquetas es una muestra de práctica de escritura de lo cotidiano.

Un ejemplo de ello, la nomenclatura usada por los Salvador para etiquetar su herbario tenía un intensivo trabajo de clasificación, y en algunas etiquetas del herbario, aparecía la palabra nobis que hacía referencia a su papel como descubridores de plantas nuevas.

Es así como se concluye este viaje largo por el Gabinete Salvador, donde se descubre que detrás del objeto, existen implicaciones más profundas como su origen, su identificación, su clasificación, pero sobre todo su aportación al conocimiento en el mundo entero.

Por lo tanto, cada que veas la vitrina de la abuela reflexiona ¿Cuál es el valor de esos objetos?

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